abril 25, 2018

El acoso sexual en internet afecta en una proporción mayor a las niñas

UNICEF ha encargado el informe a EU Kids Online España – Universidad Pública del País Vasco (UPV-EHU) y ha sido coordinado y editado por el Equipo de Incidencia Política y Estudios de UNICEF Comité Español. Ha contado con un expertas/os como Ana Azurmendi, Patricio Cabello, Mª José Cantarino, Jorge Flores, Tíscar Lara, Ricard, Martínez, Rocío Miranda, Carlos Represa, Charo Sádaba, Teresa Torrecillas y Antonio Vargas.


Los riesgos online son el elemento más alarmante cuando se aborda la relación entre niños y redes sociales e internet. Ciberacoso, sexting, acceso a contenidos que no son adecuados para los menores, uso excesivo, falta de privacidad, uso indebido de los datos personales, etc… Todos ellos son riesgos que preocupan enormemente. UNICEF propone un nuevo marco normativo que regule internet, y un mayor impulso a los protocolos y estrategias de prevención y actuación en los casos de violencia. El informe también recoge una serie de recomendaciones a empresas tecnológicas, instituciones públicas, familias y educadores, y a los propios niños y niñas. 



El 95,2 % de los chicos y chicas de entre 10 y 15 años han utilizado internet en los últimos tres meses. La diferencia entre los niños y las niñas es mínima puesto que la proporción de usuarios es del 95,7% y 94,7%, respectivamente. Sin embargo, sigue habiendo casi 300.000 niños y niñas en España que no han usado un ordenador en los últimos tres meses y casi 140.000 que no han tenido ni un solo contacto con internet en el mismo periodo. Ciberbullying y ciberacoso A pesar de que las TIC han facilitado que los niños se conecten entre sí y compartan experiencias en línea, también han facilitado el uso de esos nuevos canales de conectividad y comunicación para el acoso y bullying. 

El ciberbullying ha sido descrito como una forma de agresión repetida e intencionada a lo largo del tiempo que se lleva a cabo utilizando medios tecnológicos. Implica hostigamiento, insulto, ridiculización o amenazas que se reciben por parte de compañeros, en muchas ocasiones escudados en el anonimato. Supone un paso más allá en el acoso “tradicional”, dado que la naturaleza de las redes sociales posibilita que las agresiones se puedan realizar más allá del espacio y horario escolares, sin fronteras, y también porque la viralidad potencial de las agresiones hace que el público de las mismas pueda ser más extenso. Por tanto, y respecto al acoso cara a cara, aumenta el perjuicio, la impotencia y el desamparo de la víctima.

Aunque la prevalencia de este fenómeno es difícil de cuantificar porque los datos varían según los rangos de edad analizados o la definición de lo que es una agresión y lo que no, la revisión de diferentes trabajos permite concluir que al menos 1 de cada 5 niños y 1 de cada 7 niñas está implicado en episodios de ciberbullying (Zych, Ortega-Ruiz y Del Rey, 2015). Por su parte, Save the Children estima que entre los estudiantes españoles de 12 a 16 años, el 6,9% considera haber sufrido ciberacoso en los dos últimos meses, y el 3,3% reconoce haberse implicado como ciberagresor (Calamaestra, 2016). No obstante, cabe aclarar que el acoso en persona, cara a cara, es mucho más frecuente que el online. Hay estudios que concluyen que el porcentaje de niños y niñas que se consideran víctimas de bullying en persona, cara a cara, supone más del doble de quienes han sufrido bullying online. 

El acoso sexual en internet afecta en una proporción mayor a las niñas. El trabajo de Montiel, Carbonell, y Pereda (2016) -sobre una muestra de cerca de 4.000 adolescentes de entre 12 y 17 años- señala cómo el 42,6% de las chicas afirmaba haber sido víctima de algún tipo de violencia o acoso sexual online, frente a un 35,9% de los chicos. 

Desde varios ámbitos de la psicología se debate sobre el acceso temprano a contenidos pornográficos en internet y su impacto en los comportamientos de los niños y entre parejas adolescentes, redundando en un aumento de la violencia de género, también digital, entre adolescentes en los últimos años. 


Aunque el estudio indica que se realizó la recopilación de información desagregada por sexo, no son muchos los datos del informe que permiten ver las variables desde esa perceptiva. De hecho, existen análisis más detallado sobre raza u orientación/identidad sexual que sobre las diferencias entre niños y niñas. Las amenazas de futuro identificadas tienen que ver con la sobreexposición de los niños y las niñas en la red y sus efectos como el acceso a contenidos inadecuados, el sexting, el grooming, ciberbullying, la publicidad engañosa, la privacidad, los problemas derivados de la seguridad, la delincuencia digital, la propagación del machismo, fenómenos de dominación y subordinación, violencia de género digital o discriminación. 

En relación a los riesgos, aparecen de manera más frecuente el control de la información en internet, las consecuencias que pueden tener determinadas imágenes en la red, la existencia de perfiles falsos para “cotillear” o engañarles, o incluso el hackeo de sus cuentas: Dentro de estos riesgos además cobra especial importancia el componente de género, sobre todo en los casos de imágenes de tipo sexual que posteriormente son utilizadas para tratar de humillar o burlarse de la víctima. Desde varios ámbitos de la psicología se debate sobre el acceso temprano a contenidos pornográficos en internet y su impacto en los comportamientos de los niños y entre parejas adolescentes, redundando en un aumento de la violencia de género, también digital, entre adolescentes en los últimos años. 

Entre los niños y niñas de la comunidad gitana es habitual tener móvil, pero no así ordenador o acceso a internet garantizado, lo cual se traduce en una falta de competencias tecnológicas con consecuencias para la integración y el acceso al ámbito laboral. Sobre el género, en el caso de la comunidad gitana se acentúan algunas problemáticas presentes a nivel general en la sociedad sobre las nuevas tecnologías (MISSI, 2017). Así, tanto en el discurso de niños y niñas como en el de educadores, se habla en algunos casos de control por parte de maridos y parejas de los dispositivos móviles de sus parejas y de las contraseñas para el acceso a sus redes. 

Aunque se trata de realidades que están presentes a nivel general en la sociedad y no son ni mucho menos exclusivas ni generalizables en la comunidad gitana, sí que merecen destacarse para dirigir intervenciones hacia la igualdad de género y al empoderamiento de la mujer gitana. Los niños, niñas y adolescentes de origen migrante, siendo este un colectivo heterogéneo, presentan características equivalentes a las del resto de niños respecto al uso que hacen de las TIC: la mayoría utilizan sus smartphones para conectarse a internet, utilizan Instagram, Youtube, Musical.ly y WhatsApp, y ordenadores para tareas escolares. 


Fuente: TribunaFeminista

La resurrección (en bronce) de la primera sufragista británica

Londres rinde homenaje a Millicent Fawcett con una estatua en la plaza del Parlamento

La primera ministra Theresa May este martes en la inauguración de la estatua de la sufragista Millicent Fawcett en la plaza del Parlamento Británico, en Londres.HANNAH MCKAY REUTERS

La sufragista Millicent Fawcett (Aldeburgh, Suffolk, 1847 - Londres, 1929) se ha ganado un espacio frente al Parlamento Británico. Eso sí, un siglo después de que se lograse el derecho al voto en elReino Unido. Este pasado martes se inauguró en Londres la estatua de esta líder del movimiento sufragista durante medio siglo, la primera que hay de una mujer en la plaza del Parlamento.

La efigie de la fundadora de la Unión Nacional de Sociedades del Sufragio Femenino ganó el lugar a la conservadora Margaret Thatcher —el consistorio del barrio londinense de Westminster escogió homenajearla a ella en vez de a la exprimera ministra de Reino Unido (Grantham, 1979 - Londres, 1990)— y acompañará a 11 esculturas de personajes históricos, todos ellos hombres: Winston Churchill, Ghandi, George Canning, Nelson Mandela y Abraham Lincoln, entre otros. 

“Yo no estaría aquí hoy como primera ministra, ninguna diputada ocuparía su asiento en el Parlamento, ninguna de nosotras tendría los derechos y protecciones de los que disfrutamos hoy en día, si no fuera por Millicent Fawcett”, declaró Theresa May durante la presentación, a quien acompañaba el alcalde de Londres Sadiq Khan: “Hoy es un día histórico. Finalmente, la plaza del Parlamento ha dejado de ser un sitio que solo acoge esculturas de hombres”.

A pesar de que Fawcett luchó desde los 20 años a favor del sufragio universal, no fue hasta que cumplió los 71 cuando vio a las mujeres votar en las galerías públicas de la Cámara de los Comunes. Frente a la acción directa de muchas sufragistas, defendió los métodos no violentos de protesta. Pero Fawcett no solo peleó por el sufragio universal, también lo hizo contra el trabajo infantil y dedicó gran parte de su vida a mejorar las oportunidades educativas de las mujeres: fue una de las fundadoras del Newnham College, el segundo que admitió mujeres en la Universidad de Cambridge.

La estatua, en bronce, es obra de la artista Gillian Wearing —ganadora del premio Turner de arte contemporáneo en 1997— y representa a Fawcett sosteniendo una pancarta en la que puede leerse "Courage calls to courage everywhere" ("El coraje llama al coraje en todas partes), un extracto del discurso que dio tras la muerte de la sufragista Emily Wilding Davison.

Millicent Garrett Fawcett interviene en un mitin ante unas 50.000 mujeres en Hyde Park el 26 de julio de 1913. THE WOMEN'S LIBRARY (LSE COLLECTION)
Hace dos años, la feminista Caroline Criado Perez inició una campaña para colocar la estatua de Fawcett tras darse cuenta de que solo había efigies de hombres. “Las mujeres siguen lamentablemente subrepresentadas en todas las áreas de la vida cultural y política británica, pasa igual en sus estatuas”, señaló la activista.

Fuente: El País

abril 24, 2018

Elogio de la desobediencia feminista


«Elegir entre la mesura y la insolencia tiene que ver con estrategias políticas (...). La exigencia desde la dominación de ‘buenas maneras’ va más allá de una exigencia de cortesía, es un modo muy frecuente, por el contrario, de imponerle inautenticidad al rebelde, de hacerlo renunciar a su contra-cultura, a su ilegalidad y a su contra-lenguaje». Julieta Kirkwood, 1990.

Las desobediencias feministas son dispositivos contra-poder o contracultura, son maneras de decir basta, como un derecho que se ejerce, generalmente, desde abajo, a través de prácticas sociales y políticas. Desobedecemos a quienes ejercen o representan el poder, la dominación, la ley, la autoridad y sus mandatos en el orden de lo real y en orden simbólico. Desobedecemos porque percibimos un malestar en la cultura, un ordenamiento de los sexos desigual que habla mal de la construcción de lo humano.

Se desobedece de manera individual y colectiva, desde lo íntimo y lo privado, en lo doméstico y en lo público. Desobedecer es afirmarse en la oposición negándose a ejecutar una disposición incómoda, equívoca, injusta; es un oponerse abriendo la piel a nuevas formas de habitar el mundo, por esta razón es mal vista y es castigada; desobedecer es un apartarse de la norma, del modelo hegemónico, es una búsqueda.

Los feminismos son una desobediencia planetaria, dispersa, múltiple, imaginativa, tan oleaginosa que se adhiere al todo social, tan resbaladiza como una lluvia de estrellas; es un desobedecer creativo, propositivo, transformador con un horizonte ético común.

Es en el encuentro con las desobediencias al poder patriarcal que la vida cobra cierta tonalidad gozosa que la hace visible para sí; es una toma de conciencia sobre el sí misma y para otros; cuando desobedecemos, quizá, ingresamos en el frágil territorio de la soberanía, autonomía y de la libertad. De algún modo, la obediencia, el acatamiento de lo dado o percibido como normal o natural, es más fácil; remar con la corriente requiere menos esfuerzo.

Obedecer para las mujeres ha significado tragarse la lengua, mirar el silencio, ser virtuosa y sexi, saber comportarse y ser seductora, cerrar y abrir las piernas, desnudarse y ser recatada, asumir los mandatos patriarcales que parecieran paradójicos y contradictorios, sin embargo, todos ellos nos presentan modos del ser, sentir y estar en el mundo como demanda el poder patriarcal.

Los feminismos son una propuesta de una ética de la desobediencia, que trasciende a la poderosa desobediencia civil porque se hace cuerpo insolente y red inteligente de motivos y razones lanzados desde diversos lugares del planeta y desde todas las glaciaciones.

Caminamos los siglos retando al patriarcado, llámelo machismo, sexismo, discriminación, hemos estado en todos los lugares y acompañado todos los procesos libertarios: en la cama, en la casa, en la calle, en las esquinas, en las plazas, en los campos, en la academia, en las guerras y contra estas, con la acción directa, con el pensamiento, con la vida y la obra.

Aquí estamos las igualadas, las alzadas, las respondonas, las altaneras, las descaradas, las envalentonadas, las alebrestadas, las insolentes, las arrogantes, las raras, las extravagantes, las voluntariosas, las brinconas, las ojibrotadas, las perdidas, las volantonas, las quisquillosas, las indiscretas, las bullosas, las malas compañías. Las memoriosas, las guardianas de los hechos de todos los tiempos, rescataron de la penumbra la presencia de mujeres poderosas y brillantes; cada país tiene sus heroínas, sus transgresoras, cada pueblo sus damas notables y sus líderes populares.

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Reconocemos a las historiadoras, poetas, escritoras, escultoras, compositoras y músicas que han cantado sus vidas.

Aquí llegan, por oleadas, a esta mesa de múltiples aristas, las emancipadas, las rebeldes, las sediciosas, las subversivas, las insubordinadas, las disidentes, las insurgentes, las insurrectas. Las desobedientes atravesamos continentes, venimos desde lugares remotos, rodamos carreteras y selvas, imaginamos el arco iris, nuestra voz rodea el planeta, aventureras navegamos por todos los mares, cogemos trocha, trepamos montes, somos mujeres de varios mundos.

Estamos aquí desde María Magdalena, honrando su íntima amistad con Jesús; reivindicamos su figura protagónica y preguntona; con el movimiento igualitarista de Jesús marchamos por las catacumbas con las primeras cristianas hasta encontrar las redes de teólogas ecuménicas con su hermenéutica de la sospecha y sus miradas transgresoras de las mujeres bíblicas y de los libros sagrados.




Algunas desobedecieron en la soledad de sus celdas y en sus habitaciones propias, leyendo y escribiendo cánticas, décimas, cartas, redondillas, diarios, poesía mística, otras novelaron la vida de las ancestras y sus culturas. Nos deslizamos en los conventos, en las órdenes religiosas, en los claustros, en sus bibliotecas. Somos Catalina de Siena, Santa Teresa de Ávila, Santa Teresita de Lisieux e Hildegarda de Bingen, somos las místicas, vírgenes escritoras, somos las doctoras de la iglesia pese al obstat sexus (el sexo lo impide).1

Somos Sor Juana Inés de la Cruz2 y también Josefa del Castillo, gozosas en su búsqueda de lo absoluto y el fuego del amor, visibilizamos sus palabras y sus obras, heredamos su debilidad y su fuerza profunda, respetamos y enaltecemos su presencia en nuestras vidas y reconocemos su autoridad y sabiduría.

Somos diosas, pertenecemos a diferentes olimpos, somos brujas, curanderas, yerberas, magas, hechiceras y parteras de todos los pelambres, tenemos conocimientos prácticos sobre el nacer, el sanar, el crecer y el morir, nos encantan los aquelarres, las cábalas y conjuros, danzar con nuestros demonios, disputar con nuestra propia sombra, bebernos todos los vinos y escanciar todas las pócimas.

Las iglesias nos cazaron como fieras, nos llamaron herejes y maléficas porque temían nuestra sabiduría, nuestros sexos y cuerpos fecundos. Los misóginos, de todos los credos, nos echaron las culpas de todos los males, las pestes, las pérdidas de las cosechas y los ardores sexuales, nos trataron de asesinas, persiguieron a las ancianas rurales de los pagos, nos asociaron a los sapos, las arañas y las verrugas, a la noche y a lo oscuro, nos arrebataron nuestras escobas, saberes y nos robaron el cielo. Los inquisidores iluminaron los siglos con nuestros huesos, fuimos zarandeadas en las horcas y en las piras ardimos vivas con las brujas de Salem (Massachusett), Zugarramurdi, (Navarra) y con las Juanas de Arco de ayer y de hoy, porque la brujofobia es permanente.

Las maléficas de hoy nos envolvemos en ungüentos y menjurjes, de marihuana, coca, agraz y romero; nos acariciamos a nosotras mismas, reclamamos el amor propio como el primer amor; nuestro gusto por el cuerpo se alimenta del autoerotismo; somos dichosas al encontrar nuestro propio centro, nuestros sueños, de descubrir en nuestra geografía sensaciones en lila aunque a ratos ligamos y tropezamos con nuestros miedos a la libertad de ser y desear. Las brujas estamos vivas y coleando.



Desobediencia al rey y a la corona, a la corte y a los cortesanos, traemos hasta aquí a las guerreras anticoloniales de otros tiempos y de otras batallas, las libertadoras olvidadas, las conspiradoras independentistas, las troperas, las mariscalas, las generalas, las espías, las insurgentes, las ejecutadas, las milicianas; también a las soldaderas, las Juanas y a las adelitas que siguieron a los ejércitos en los campos de batalla.

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Recuerdo agradecido a la audacia y fervor insurgente de La Pola, a Manuela Beltrán (1724-1781) y a las comuneras, a María Águeda Gallardo Guerrero (Pamplona-Santander-Colombia, 1751-1840),a Mercedes Abrego, La Antonia Santos, María Concepción Loperena Ustariz De Fernández De Castro (México), Leona Vicario Fernández de Quintana Roo (México 1789-1842), Josefa Ortiz Girón de Domínguez, la Corregidora (México 1768/73-1829), Gertrudis Bocanegra de Lazo de la Vega (Michoacán, 1765-1817), María Ignacia Rodríguez de Velasco y Osorio Barba, conocida como la Güera Rodríguez (México 1778-1851), Micaela Bastidas (Perú 1745-1781), María Andrea Parado de Bellido (Perú 1777-1822), Francisca de Zubiaga de Gamarra, la Mariscala (Perú 1803-1835), Bartolina Sisa (Bolivia 1753-1782),3 la generala Juana Azurduy (Bolivia 1780-1862), Juana Ramírez, la Avanzadora (Venezuela 1790-1856). Ellas y muchas otras protagonistas y generosas amigas de la causa de la libertad, son muchas veces olvidadas en la hora de las medallas y los triunfos.

Atravesamos la historia de la modernidad, en Francia insultamos a Robespierre, bien merecido por traidor; convocamos círculos de lectura, tertulias y clubes, hasta el club de los matrimonios malavenidos, deambulamos con ojos ilustrados en los salones revolucionarios. Demandamos derechos, libertades y sufragios, fuimos bachilleras, inteligentes, sabihondas, sindicalistas. Nos llevaron a la cárcel, hicimos huelgas de hambre, escribimos y leímos manifiestos, garabateamos igualdad en los muros de las ciudades y en las tapias de los castillos. Los ilustrados nos traicionaron, perdimos la brega por la ciudadanía, con los pobres, los negros y los analfabetos. Olimpia de Gouges vive, es nuestra sombra, como un dulce fantasma que soñó nuestros sueños.




Con las feministas socialistas estuvimos en la lejana o cercana revolución rusa, con Clara Zetkin, Inessa Armand, Alejandra Kolontai, Rosa Luxemburg, Nadezhda Krúpskaya, fuimos socialistas y anarquistas, trostkistas, internacionalistas. Conocimos el mundo obrero y campesino. Mujeres intensas apasionadas, desafiaron prejuicios, abandonaron sus familias, amaron por fuera de los cánones ortodoxos. Fueron mujeres de partido, militantes con ideas propias, controvirtieron el marxismo y a sus dirigentes, a sus organizaciones políticas, algunas fueron disidentes, produjeron su propia obra política y social.

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Las socialistas feministas polemizaron con sus camaradas acerca de la cuestión femenina o la emancipación de las mujeres, un asunto que era calificado como «desviación pequeño burguesa». Ellas fueron mujeres indisciplinadas, fundaron periódicos como La igualdad y la demandaron en sus organizaciones dando testimonio con sus vidas. Kolontai promovió y vivió el amor libre, cuestionó las relaciones opresivas que afectaban, en especial a las esposas y madres en la familia e imaginó una red de instituciones como casas-cuna y guarderías, restaurantes y lavanderías públicos, que liberaran a las mujeres de las tareas del cuidado de los niños y de la casa; en este sueño la acompañó Inessa Armand (1874-1920), adelantándose con ello a las propuestas de socialización y atención por parte de los estados y del mercado de la economía del cuidado.

Con ellas cuestionamos los privilegios masculinos, los sombríos aspectos de la vida conyugal, el amor romántico, las estructuras familiares que mutilan los derechos y las libertades. «En este campo, ¡cuántas tragedias psicológicas, cuántas vidas mutiladas, cuántas existencias envenenadas!»4 ¡Qué cerca nos sentimos de estas mujeres, cuantas verdades cantadas! Socialistas, organizadoras, agitadoras nos legaron la vocación internacionalista y pacifista del feminismo.5

Su espíritu libertario pervive en María Rojas Tejada y su Centro cultural femenino, en la demandas obreras de María Betzabé Espinal, quien el 12 de febrero de 1920 lideró la huelga de mujeres de fábrica de tejidos de Bello, contra el acoso sexual y por los derechos laborales; en los sueños de la virgen roja, María Cano Márquez, fundadora y dirigente del Partido Socialista Revolucionario; en las demandas de Juana Julia Guzmán y María Barilla fundadoras de la Sociedad de obreras redención de la mujer (7 de febrero de 1919), en la presencia de Petrona Yance y Josefa Blanco, líderes obreras del Sindicato de Orihueca en la histórica huelga de las bananeras. Mujeres raras, de ideas audaces, abogadas de la vida digna y las libertades para las mujeres.

A principios del siglo XX, escuchamos a Ofelia Uribe de Acosta, animadora feminista que decía: «El feminismo acaba de nacer en Colombia como producto natural de evolución, pero todavía son muchas las mujeres que retroceden espantadas ante la repentina aparición de esa palabra que viene a turbar su mísera condición de siervas humilladas, pero insensiblemente connaturalizadas con su papel de víctimas».6 Con Ofelia caminaron muchas otras, mujeres de partido y de organizaciones sociales: Mercedes Abadía, Lucila Rubio de Laverde, Georgina Flescher. Agitadoras feministas fundaron periódicos, programas de radio y organizaciones:7 La verdad, hora feminista, Asociación profesional femenina, Alianza Femenina de Colombia, Asociación profesional femenina, Unión de ciudadanas de Colombia, Unión de mujeres demócratas. Es la hora del feminismo liberal y sus voces insurgentes por los derechos civiles y políticos.

Ayer como hoy, andaregueamos en los caminos del pacifismo, con las socialistas y las anarquistas creamos la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad, en la primera guerra mundial. Cuestionaron la causa del patriotismo y el nacionalismo y de manera premonitoria identificaron que su invitación a la muerte y a la destrucción de los afectos siempre gana cuando a la sociedad es habitada por el miedo.

En la resistencia civil española, con las pacifistas repartimos folletines antibélicos, fundamos ligas de ayuda humanitaria, hicimos nuestra la sentencia de la Rosa Roja de la Revolución. «Esta guerra mundial es una regresión a la barbarie. Un descenso en los infiernos de la deshumanización».8 Un siglo después la guerra continúa siendo un descenso a los infiernos. Oponerse a la guerra en las épocas en donde son aplaudidos los nacionalismos, los llamamientos a la defensa de la patria, cuando la patria es de pocos, es un verdadero acto de desobediencia civil.

Las pacifistas llegaron a las filas de los soldados e incitaron a la rebelión contra la milicia, fueron a las cárceles por distribuir propaganda ilegal, se alzaron en defensa de la vida. Enaltecer las vidas de Josephine Herbst, Lean Manning, Kanty Cooper, Lini de Vries, Simone Weil, Vera Brittain,9 Amparo Poch y gascón...10 y tantas otras mujeres militantes libertarias que nutren el pacifismo de hoy.



Desobedecieron los llamamientos a los gestos bélicos11rompieron con el arquetipo de la mujer combatiente, la miliciana de puño en alto y fusil al hombro, se dirigieron a las mujeres convencidas de que podrían detener la guerra: «No prestéis oídos a los himnos nacionales ni a las palabras retumbantes que os hablan de falsos deberes patrióticos; sino a esa otra voz dulce y profunda que sale del propio corazón y enseña el precepto intangible de amor a todos los seres y todas las cosas… Pasad sobre el gesto, sobre la institución, sobre la fuerza y el escándalo».12

Con ellas hicimos del pacifismo una bandera ética, una causa suprema. Hoy las herederas de su demanda, las sucesoras, encomiamos la autoridad de las ancestras. El pacifismo ancestral renace y se vivifica en las organizaciones mujeres que apiñaron sus dolores contra las dictaduras como las madres/locas de Plaza de Mayo, icónicas e intransigentes investigan, identifican y encuentran los hijos e hijas de tres generaciones, en busca de verdad y justicia. Ellas enfrentaron los ramalazos del miedo politizando la maternidad, la abuelidad y el afecto, haciendo público su dolor íntimo.

Gracias a las mujeres organizadas víctimas de la guerra; las mujeres de negro, la ruta pacífica por la paz, las iniciativas de mujeres por la paz, la iniciativa de Mujeres por la paz,13 las Madres de la Candelaria, la Organización femenina popular, la Asociación de mujeres del oriente, Fabiola Cantillo y su operación Cirirí y todas las madres, esposas, hijas, amigos, que indagan por sus desaparecidos y buscan sus huellas, mientras politizan la espera del retorno, cuando su mundo se partió en dos, y muchas otras… Todas ellas han desobedecido a los jinetes del apocalipsis y de la violencia.

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Pertenecemos a la generación antisistema que cantó a los huracanes con los hippies y asumimos su propuesta contracultural pacifista y amorosa, medioambientalista y anticonsumista: con la seriedad del pelo largo y las camisas raídas profundizamos la consigna «haga el amor y no la guerra».

Fuimos de espíritu festivo, musical, creativo y atrevido, éste se hizo ciclón, se acompañó de yerba y otras cosas… estuvimos en Woodstock y en Ancón con Janis Joplin fuimos libertinas y libertarias, disfrutamos de la revolución sexual, gozosas usuarias de la píldora de todos los días y del día después.

Sentimos en la carne la No-violencia, estuvimos del lado de los negros, acompañamos a Rosa Parks en Alabama y Angela Davis sus afros y sus panteras negras, nos percatamos como ella de «la rutina cotidiana, a menudo monótona, de la opresión racista». Conocimos y admiramos a: Sojourner Truth (1797-1883) Harriet Tubman (1820-1913), Audre Lorde (1934-1992), Gloria Jean Walker14 y sus feminismos negros y de frontera


Con Simone de Beauvoir nos paseamos por el mayo francés, bebimos en el segundo sexo y en todos los sexos, buscamos en las profundidades de la mujer rota que nos habita en algún momento o en todos los momentos de nuestras vidas, trepamos en los callejones y embestimos muros sin salidas, buscamos los paraísos perdidos y también los imaginados. Nos persuadimos de ser una con la cultura. Citamos con frecuencia la lucida expresión «no se nace mujer, llega una a serlo», nos reclamamos antiesencialistas y desnaturalizadas.

Nos disputamos los espacios sociales y los significados, con las iglesias temerosas de la ideología de género, hablamos de nuevas formas de convivencia, de las solidaridades entre iguales. No creemos en el diablo, los infiernos, el pecado o la condenación. Abandonamos los confesionarios, los denunciamos como espacio social del control, la vigilancia y el castigo; nos reclamamos amigas de la carne, la materia y las tentaciones del mundo.

Nos sentimos incómodas con sociedades confesionales, parroquianas y de feligreses, estamos más a gusto como ciudadanos y ciudadanas, con sexualidades libres seguras y felices porque la sexualidad es una de las fiestas de la vida. Hemos olvidado las virtudes de la castidad y la inocencia y nos aferramos a la palabra disfrute, placer, capacidad de decisión, libertad y derechos.

Admiramos y suscribimos la declaración de desobediencia civil de las 343 guarras15 a favor del aborto libre, seguro y gratuito, para salvar del silencio y de sepsis a las mujeres que no tienen opciones saludables y deciden acerca de su cuerpo y en favor de sus vidas. Declaramos que somos como ellas. Declaro haber abortado.

Nos oponemos a toda forma de culpabilización: por no amar lo suficiente y para siempre, por no ser más generosas, más madres, por ser egoístas, por perder la feminidad, por confundir la libertad con el libertinaje, y casi por promiscuas, en fin nuestro reto es ganar en autoconciencia y militar en nuestra propia vida y en nuestra propia causa.

Amamos la palabra feminismos, la adoptamos como a una alerta temprana, en tiempo de temblores e inundaciones. Nos previene contra la todas las dependencias, contra el amor romántico, contra la soledad en compañía, contra el amor eterno, sin límites y condiciones.

Aceptamos los desafíos a desobedecer y a desobedecernos. Desobedientes de palabra y obra, somos los grupos y redes de salud de la mujer, hablamos de derechos sexuales y reproductivos como un asunto de libertades individuales y del cuerpo como territorio soberano, preguntamos ¿Amante, esposo, amigovio, amigo con derechos, compañero de noche, cuántos embarazos haz tenido?, ¿cuántos abortos haz pasado?

Aprendimos a amar nuestro cuerpo sexuado como el patrimonio primero, y encontramos y develamos nuevas enajenaciones y nos descubrimos expropiadas por distintos poderes: la medicalización y la psiquiatrización femenina, el modelo de la delgadez, los discursos ligth sobre la sexualidad y la invasión de la vida por la trasnacionales farmaceúticas.

Nos regamos como verdolaga en playa, amanecemos con nuestras hermanas las damas de la noche, respetamos a quienes la misoginia llama y visita como putas, sinvergüenzas, mujerzuelas, zorras, perras, yeguas, jineteras, poliamorosas, guarras, trolas, fufurufas, grillas, las trabajadoras sexuales con todos los derechos. A todas ellas las admiramos porque inquietan y perturban, aunque a veces parecen el envés de la misma moneda. También somos las temidas mujeres malas, las pornofeministas, las Madonas y las Lady Gaga.

Aquí estamos con todas ellas las cuenteras y las escribanas en primera persona y en esta brega caminamos hacia la invención de nuevas posibilidades de vida, buscando producir en colectivo, en redes envolventes y afectuosas un nuevo tipo de subjetividad contestatario, un sujeto político nuevo y disruptivo.




Por Argelia Londoño Vélez
Fuente: http://revistabravas.org/

2. Nacida en San Miguel Ne pantla, 12 de noviembre de 1648 - México, 17 de abril de 1695, fue una religiosa de la Orden de San Jerónimo y escritora novohispana, exponente del Siglo de Oro de la literatura en español.
3. García López Ana Belén. Historiadora. En. Las heroínas calladas de la Independencia Hispanoamericana. Antecedente de la lucha de la mujer independentista, guerrera aymara que lideró junto a su esposo, Túpac Katari, un levantamiento contra el poder colonial, en el que logró movilizar a unos 40 mil indígenas en las tierras del Alto Perú, a finales del siglo XVIII. Intervino como estratega del asedio de la Paz y poco después fue capturada, torturada y ejecutada en 1782.
4. Kolontai. A. La cuestión femenina.
5. Clara Zetkin, en 1907 estuvo en la fundación del Congreso Internacional Socialista de Mujeres, y en Copenhague, 1910, en otra conferencia de mujeres socialistas propuso que el 8 de marzo fuese el Día Internacional de la Mujer, resolución que quedó aprobada desde entonces. Zetkin organizó la primera conferencia internacional de mujeres contra la Primera Guerra Mundial (1915).
7. Se menciona en esta ola al grupo de mujeres que trabajo en la revista mensual Agitación Femenina con Ofelia Uribe: Inés Gómez, Carmen Medina de Luque, Eloísa Marino de Machado, Elvira Sarmiento Quiñones, Aída de Hoyos, Marina de Pinzón, Mercedes Arenas de Lara, Alicia Solano Sanabria y Leonor Barreto. Octubre de 1944 hasta 1946.
8. Rosa Luxemburg. El folleto Junius. La crisis de la socialdemocracia alemana.
11. Ver texto de Amparo Poch denominado «Frente al gesto bélico», publicado en Tiempos Nuevos (1935), ella fue co-líder de la Liga Española de Refractarios a la Guerra, un grupo de resistentes absolutistas a la guerra.
13. Este proyecto surge en la Primera Conferencia de Mujeres Colombianas por la Paz que se realizó en Estocolmo, Suecia, del 10 al 20 de noviembre de 2001. El evento fue iniciativa de las mujeres dirigentas de la Federación de Trabajadores de Suecia, ST y el Departamento de la Mujer CUT de Colombia.
15. Declaración publicada el 5 de abril de 1971 en el número 334 de la revista francesa Le Nouvel Observateur y firmada por 343 mujeres que afirmaban haber tenido un aborto y que, consiguientemente, se exponían a ser sometidas a procedimientos penales que podían llegar hasta el ingreso en prisión.

‘Sisters Project’: se buscan angoleñas para desafiar al patriarcado

Parece solo un proyecto fotográfico sobre mujeres africanas pero es la forma que la autora, Djelsa Ariana, ha encontrado para hacer justicia por todas esas veces que a las mujeres se les niega un protagonismo merecido. Durante un año ha retratado 12 rostros, 12 historias, 12 ‘sisters’ que, unidas en hermandad, no piensan dejar de reivindicar su valía.

Sara Lopes posa ante el objetivo de Djelsa en un paraje natural junto al río Kwanza.

Creció adviertiendo que las mujeres solo recibían halagos y reconocimiento el día de su cumpleaños o con motivo de alguna otra celebración específica. Y pasó de ser la adolescente que soñaba con dedicarse a las artes a emprender su primer proyecto fotográfico en un país, Angola, en el que el movimiento feminista organizado nació hace menos de dos años. Así Djelsa Ariana (Benguela, 1987) decidió contrarrestar lo que siempre había considerado una injusticia: que los méritos profesionales y personales de las mujeres quedaran eclipsados por la maternidad.

Djelsa Ariana, autora del proyecto.

Tres meses de gestación fueron suficientes para alumbrar su ‘Sisters Project’, concebido como un espacio de mujeres que, como hermanas, se apoyan y no aceptan el papel de rivales. Los retratos son la esencia de cada una de las sisters, sus gustos, logros y aspiraciones. Una forma de gritarle al mundo que no solo de parir vive la mujer. Y que es posible divorciarse de la sumisión. “Podemos ser madres y esposas, pero también podemos soñar más, trazar objetivos de vida nuevos, trabajar y alcanzar las pasiones que alimentan nuestra alma”, decía el post de presentación. Las sisters, además de posar, dan a conocer sus historias de vida por medio de un texto que acompaña los retratos. “Ese es el objetivo: que se nos diga lo que hacemos bien. Es importante para darnos cuenta de que somos capaces, que podemos llegar lejos… el problema es que aquí las mujeres no saben el potencial que tienen”, admite Djelsa.

El decorado son las calles, edificios, parajes, ríos y otros recovecos de Luanda. La capital de Angola es una ciudad de rascacielos y casas de chapa; con un recién estrenado Congreso de los Diputados que costó 280 millones de euros y miles de zungueiras —vendedoras ambulantes que caminan todo el día con la mercancía en la cabeza— que se ven solo unas calles más allá, dejando un reguero infinito de pasos, afanadas en llegar a las ventanillas de los coches atascados. Donde las mujeres también cargan con una tasa de analfabetismo del 47 por ciento —frente a un 20 por ciento de los hombres, según la UNESCO—, la undécima tasa de mortalidad materna más elevada del mundo y un protocolo de violencia de género —violencia doméstica la llaman— que incluye una “sesión de reconciliación” para forzar el perdón al agresor. Sin embargo, la mujer más rica de África es angoleña. Isabel dos Santos, la hija mayor del expresidente que acaba de dejar su cargo tras 38 años, tiene al menos 3,4 billones de dólares según Forbes.
Doce mujeres que reivindican su derecho a realizarse

Pintora, arquitecta, poeta, chef, activista LGTBIQ+, brand-guardian, diseñadora, bloguera, doula… Las sisters buscan realizarse en sus distintas ocupaciones. Independientes y luchadoras, aunque no inmunes a unas inseguridades labradas en la tierra fértil de la sociedad patriarcal. Abonada por todos y todas: “Creo que no nos damos cuenta, pero tenemos una venda en los ojos. Nos hacen competir por medio de ropas, bolsos, zapatos, culos y tetas cuando en realidad tenemos los mismos desafíos, problemas y dificultades”, se confiesa Sara Lopes frente al río Kwanza. Moja la punta de sus dedos, ajusta el pañuelo que dibuja una equis sobre su torso, atusa los miles de caracolillos ásperos que brotan de su cabeza, mira a la cámara de frente.

Las sisters tienen la mirada llena de otros mundos. La oportunidad de viajar les ha permitido conocer lo de aquí y lo de allá. Y poder combinarlo. Pero no son una muestra representativa de las mujeres en la sociedad angoleña: mientras la media nacional se sitúa en 5,7 hijos por mujer, la única de las sisters que conoce la maternidad es Sara, quien tiene un niño. Y ha convertido esa experiencia en su forma de vida: trabaja dando apoyo durante el embarazo, preparación al parto y acompañamiento en los primeros meses del bebé. “Oye, nuestros hijos necesitan ver que sus madres son mujeres seguras, que no dejan que sus padres les quiten la dignidad… Y así ir construyendo el futuro. Pero es verdad que el hecho de obligarnos a escribir algo bueno sobre nosotras y exponerlo públicamente ya se nos hace difícil, porque es algo que no ocurre todos los días”, reafirma Sara Lopes.

Sara Lopes en la sesión fotográfica de Sisters Project.

La orla de mujeres inspiradoras de Angola cuenta con 12 sisters desde que, en el mes de marzo, el proyecto cumpliera un año y Djelsa Ariana diera por finalizadas las sesiones de fotos. El próximo objetivo, para el que ahora está buscando patrocinio, es que de las paredes de una de las salas de exposiciones más prestigiosas de Luanda cuelguen los retratos e historias.

Como la de Nádia Barros, que posa delante de un paisaje de grúas y cemento, con el Atlántico de fondo. Pero a Nádia hay que imaginarla con el birrete, radiante y recién licenciada en Arquitectura y Urbanismo por la Universidad Agostinho Neto. Con el diploma enrollado y sujeto con firmeza en una de las manos. Ocurrió hace dos años, tras acabar sus estudios como la primera de la clase con premio —mejor proyecto de último año— incluido. Hay que imaginarla ahora, trabajando para dos empresas privadas de su área y “asumiendo las consecuencias” de cada éxito. “Oyes frases como ‘esta parte del proyecto, que es más difícil, que la haga fulanito’, ¿y esto lo has hecho tú, de verdad?, ‘claro, fue más fácil para ti por ser mujer’… La arquitectura es un mundo masculino y por eso me toca ser cuestionada por mis méritos”. Parece debatirse entre la rabia y la resignación, aunque enseguida se recupera y admite que, a pesar de todo eso, al verse en las fotos se sintió Wonder Woman.

En plena crisis económica por la caída estrepitosa del precio del petróleo, se buscan con urgencia superhéroes —y superheroínas— para recomponer el país. Porque, desde el final de la guerra civil en 2002, el crudo fue la panacea que tapó la escasez de incentivos a otras áreas. Angola consiguió posicionarse como el segundo país productor de petróleo en África, solo por detrás de Nigeria. Pero ahora del subsuelo no se extraen billetes tan grandes y Nádia Barros se siente motivada para participar en el cambio: “Nuestra generación pondrá a Angola donde se merece”, profetiza.
Valores ‘Made in Angola’

Tejer orgullo africano. Como quien coge unas mimbres antiguas, las retuerce y entrelaza hasta conseguir algo bello, bien armado. También útil y duradero. Construir un feminismo africano, otro de los objetivos del proyecto, se ha convertido en una labor de artesanía. La sister Djanira Barbosa vive con el empeño de cambiar la mentalidad de quienes pretenden buscar fuera lo que es posible encontrar dentro de ‘su’ Luanda. Defiende que, con los años, se ha dado cuenta de que es la mejor ciudad del mundo, aunque no sea un pensamiento muy común: “Procuro entender lo que hace que mucha gente no tenga ese sentimiento e intento cambiarlo. Me gustaría que miraran a través de mis ojos, que admiraran más y juzgaran menos. Hay que amar lo que se tiene”.

Fruto de ese amor, a finales de 2014, nacieron dos ideas: LuandAlternativa, el blog y la página de Facebook que promueve la vida cultural —”lo que deben leer los que dicen que aquí no hay nada que hacer”, puntualiza— y #cidadedeLuanda, una cuenta de instagram en la que Djanira publica fotos —y anima a participar con ese hashtag— con el propósito de destacar la belleza de la cultura y vivencias del día a día en Luanda.

Aunque no todas tienen la posibilidad de vivir con orgullo esa —su— identidad cultural. La sister Paula Sebastião, bisexual y genderqueer, reconoce que antes evadía las preguntas sobre su identidad de género. Que la temporada que vivió en Portugal le sirvió para coger aire: “Allí pude conocer, quitarme el miedo… y hoy lo grito a los cuatro vientos, fue un proceso de empoderamiento”. El alma flexiva, cultivada y libre que se intuye en ella sueña con despertar las conciencias dormidas de quienes la juzgan por vestir como le pide el cuerpo. “La discriminación que de verdad vivo a diario es tener que escuchar ‘¿es una chica o un chico?’ y que se asocie a mi identidad cultural como angoleña. Porque muchos piensan que un verdadero angoleño no puede tener un género no binario”, explica.

Paula Sebastião, activista LGTBIQ+, es una de las creadoras del Archivo de Identidad Angoleño.

El discurso de Paula —Pamina para las amistades— es el de unir fuerzas para desarmar a quienes les tachan de no seguir las “tradiciones africanas” o de “importar una moda occidental”. Con ese propósito creó el Archivo de Identidad Angoleño (AIA), una web que busca registrar la existencia invisible, la violencia invisible y las hazañas invisibles de una comunidad que lucha por quitarse el yugo de la invisibilidad. Que sirve para recordar, por ejemplo, que existían hace tiempo las personas transgénero, quienes participaban en determinados rituales y suponían un orgullo para la tribu. El mismo orgullo que llena la boca de Paula cuando cuenta que, desde hace seis meses, ya son tres los grupos LGTBIQ+ en Angola.
El inconformismo que trae cambio

Qué son las sisters sino creadoras de cambio. Como Laihla Évora, que recuerda cocinar con su abuela y su tía en Cabo Verde, su tierra natal, que dejó por Angola a los 12 años, donde se formó en Gastronomía y abrió su propia empresa de repostería. O la sister Swelynka Rosado, cuyo talento con la pintura le valió una beca en Hong Kong y hoy, asentada de nuevo en Luanda, sueña con exponer en galerías de arte; o Miriam Borges, que superó una enfermedad rara; o Stephanie Vasconcelos, que defiende el derecho a viajar solas; o Petra Mendes, que se proclama imperfecta contra la tiranía de la perfección impuesta a las mujeres.

Ellas, delante del objetivo y Djelsa Ariana, detrás. Dice que aprendió la rebelión en casa. Su madre Odete —hija de inmigrantes portugueses de la época colonial—, quien da apoyo logístico al proyecto, recuerda entre risas la lista de restricciones con las que fue educada. Los deportes que no podía praticar, los pantalones cortos que no le permitían vestir y los bikinis tamaño XXL que se remangaba al máximo para disgusto de su madre. Afirma que se prometió ser totalmente diferente si tenía descendencia y así lo cumplió cuando tuvo a Djelsa, sin haberlo planeado, con 19 años y soltera. Un espíritu inconformista que ahora comparten madre e hija y, cada vez, más angoleñas.

Fotos: Sandra Lario / Luanda (Angola)
Fuente: Pikara