febrero 22, 2018

A LA HUELGA FEMINISTA DESDE LA DEPENDENCIA DE LOS CUIDADOS

El 8 de marzo de este 2018 se plantea, se avecina, se vaticina un estallido. No es un día de celebraciones, ni de fiestas en las que nos regalan flores y agasajan por un día, adjudicándonos un santo halo violeta de heroicidad que apenas dura 24 horas. Por el contrario, la reivindicación es diaria, rutinaria para muchas mujeres que estamos inmersas en la lucha por conseguir libertades usurpadas y derechos negados.

Este 2018 las mujeres nos paramos para demostrar que sin nosotras se para el mundo, porque somos quien lo mueve, somos quien lo cuida. Somos todas las mujeres, con nuestras intersecciones. Mujeres de todas las edades, etnias, culturas, clases, con enfermedades, con diversidades funcionales, con diferentes orientaciones sexuales, identidades de géneros y múltiples en todos los sentidos que desde la sororidad más profunda actuamos por y para todas.

La huelga del 8 M se propone en el ámbito laboral, de cuidados, consumo y estudiantil. Todo ellos, campos en los que estamos presentes y sin embargo no reconocidas.

Yo me pregunto cómo afrontar la huelga si, debido a una enfermedad, dependo de cuidados. Considero que la clave es ser conscientes de que los cuidados nos mantienen, son condición sine qua non para nuestro bienestar y llevarlos a cabo supone una tarea ardua, sacrificada y a menudo poco gratificante.

El capitalismo patriarcal ha mantenido en la sombra de lo privado y lo íntimo esta tarea, reservándola para aquellas que hizo protagonistas de esta esfera: personas educadas en el rol femenino, mujeres. Desde ahí, la han llevado a cabo de manera aislada, asumiéndola como propia y como sus únicas responsables. Las cargas de trabajo adjudicadas, en algunos casos, son cercanas a prácticas esclavistas: ausencia de tiempo libre, pérdida de autonomía en la toma de decisiones, olvido de las prioridades personales… Todo ello, y hoy en día cada vez más frecuente, dejando a tus familiares por atender a otras personas desconocidas.

A menudo se tiende a infantilizar a las personas enfermas (se las despoja de intimidad, se cuestiona su criterio u opinión, se piensa anulada o disminuida su capacidad de decisión…), lo cual coincide con lo que ocurre con las personas con diversidad funcional. Como si necesitar a otra persona que nos cuide nos llevase a pensar que somos más débiles. De la mano, también existe la tendencia de conceder prioridad absoluta a las necesidades de quien necesita cuidados, quedando relegadas las propias necesidades de quien cuida. No da lugar a despiste la coincidencia entre la socialización de las mujeres y su rol de cuidadoras. Educadas tradicionalmente para el agrado de las demás personas, complacientes, obedientes, empáticas, sumisas.

Cuidar a una persona enferma requiere muchas tareas que han de asumirse colectivamente, desde la tribu que forman las redes familiares, las amistades, las parejas…, porque cuidar ha de ser necesariamente verbo reflexivo. Es decir, quien cuida ha de ser cuidada.

Si es obvio que, como personas, nuestras capacidades y aptitudes son diferentes y nos autodefinen, parece obvio también que cada una desempeñe mejor una faceta del cuidado, surgiendo un compromiso común entre quienes cuidan y quienes son cuidadas, que también han de atender necesidades de sus cuidadoras. La propuesta se resume en cuidarse en simbiosis, desde la horizontalidad y no desde la sumisión. Co – cuidar multidireccionalmente, procurando espacios libres, tanto físicos como temporales, para evitar sobrecargas de trabajo, comunicar por parte de la persona enferma sus necesidades con asertividad y empatía, agradecer el tiempo que dedican a los cuidados otras mujeres, colaborar en la gestión de las dinámicas de los cuidados manteniendo un papel activo en lo posible, por poner algunos ejemplos prácticos. Porque la revolución será feminista o no será y necesariamente implicará los cuidados, no solo cambiando quién se encarga de ejecutarlos o gestionarlos, sino también el enfoque colectivo, que resulta transcendente.


Por Clara Tovar Casado, Educadora Social y estudiante del Máster GEMMA Erasmus Mundus en Estudios de las Mujeres y de Género. Ex alumna de PeriFéricas y activista feminista.
Fuente: perifericas.es/


Si te interesa la cuestión de los cuidados y su vinculación con las mujeres y el patriarcado, recuerda que hasta el 5 de marzo puedes inscribirte en el curso online “Salud femenina y modelo médico hegemónico”: https://perifericas.es/cursos/salud-femenina-y-modelo-medico-hegemonico/

Las colombianas impulsaron y siguen defendiendo los acuerdos de paz de su país


Carmen Magallón
El proceso de negociación y el Acuerdo de paz alcanzado en Colombia, entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas-Ejército del Pueblo (FARC-EP) puso fin a más de 50 años de un conflicto armado que produjo millones de personas desplazadas y miles de muertos y desaparecidos. A este éxito contribuyeron de manera decisiva las mujeres

El proceso de negociación y el Acuerdo de paz alcanzado en Colombia, entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas-Ejército del Pueblo (FARC-EP) fue en los últimos años uno de los más exitosos del panorama internacional. Puso fin a más de 50 años de un conflicto armado que produjo millones de personas desplazadas y miles de muertos y desaparecidos. A este éxito contribuyeron de manera decisiva las mujeres, organizadas desde hace décadas para acabar con la violencia en su país. Que las colombianas son el grupo más potente en la defensa de la paz, no es algo nuevo. Hace un tiempo, en un tribunal de tesis que juzgaba en Madrid a la colombiana María Eugenia Ibarra Melo, ahora profesora de la Universidad del Valle, ella nos explicaba cómo inicialmente su tesis iba a abordar la experiencia de las mujeres en la guerrilla colombiana. Pero que al adentrarse en el tema constató el gran número de grupos de mujeres que trabajaban por la paz. Así es que finalmente decidió dedicar una parte de la tesis a las mujeres guerrilleras y otra a las mujeres por la paz.

Impulsaron la paz y exigieron estar en las negociaciones. “Las mujeres no queremos ser pactadas sino pactantes”fue el lema de las dos Cumbres Nacionales de Mujeres y Paz. Nueve plataformas, acompañadas por ONU Mujeres en Colombia, se unieron para convocarlas: Casa de la Mujer, Ruta Pacífica, Red Nacional de Mujeres, Mujeres por la Paz, Colectivo de Pensamiento y acción Mujeres, Paz y Seguridad, Grupo de Seguimiento de la Resolución 1325, Conferencia Nacional de Organizaciones Afrocolombianas (CNOA), Iniciativa Mujeres y Paz (IMP) y Asociación Nacional de Mujeres Campesinas, Negras e Indígenas de Colombia (ANMUCIC).

Todavía recuerdo la emoción vivida en la II Cumbre, a la que fui invitada, en septiembre del 2016. En el salón Rojo del Hotel Tequendama de Bogotá, la diversidad de las 600 asistentes eran la muestra viva de la representatividad de la convocatoria. Nelly Velandía, de ANMUCIC, agradecía el trabajo previo de las mujeres, la larga trayectoria que había permitido alcanzar un Acuerdo que incluía la perspectiva de las mujeres: “… a lo largo de nuestra vida nos hemos dedicado a construir un país, una casa y una calle en paz, y a que todas las personas podamos vivir seguras y valoradas en nuestra dignidad humana.”

Las mujeres no queremos ser pactadas sino pactantes

En la I Cumbre (octubre 2013), las mujeres habían acordado tres puntos: uno, el respaldo al proceso de paz y exigencia a las partes de no levantarse de la mesa hasta no llegar a un acuerdo; dos, la insistencia en que el proceso debía contar con la presencia y participación de las mujeres en todas sus etapas, incluyendo la Mesa de Conversaciones en La Habana; y tres, la inclusión, en la agenda de las conversaciones, de las necesidades, intereses y afectaciones del conflicto en la vida de las mujeres.

En la II Cumbre, Velandía explicitó lo logrado hasta entonces: “Fuimos escuchadas 3 veces en La Habana, una como Cumbre; logramos que las partes nombraran mujeres plenipotenciarias en la mesa y logramos que se creara la Subcomisión de Género… Ahora planteamos la necesidad de transformar las causas que dieron lugar a la guerra; que se reactive la mesa de negociación con el ELN; a los hombres, queremos decirles que tienen un compromiso con este país y también con las mujeres; a las excombatientes, que les están esperando en sus familias y a ONU Mujeres y la Comunidad Internacional agradecerles su apoyo”.

Efectivamente, la Comunidad Internacional apoyó las reclamaciones de las mujeres presionando para que se cumpliera la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad, que insta a su inclusión en las negociaciones de paz. La creación de la Subcomisión de Género, primera y única en el mundo de este tipo, marcó un hito internacional, logrando que el Acuerdo incluyera la perspectiva de género en todos los puntos. Es cierto que más tarde vendría la decepción del triunfo del No en el referéndum de refrendación, pero finalmente, el 24 de noviembre de 2016, se firmó una segunda versión del Acuerdo refrendado por el Congreso de la República seis días más tarde.


La creación de la Subcomisión de Género, primera y única en el mundo de este tipo, marcó un hito internacional, logrando que el Acuerdo incluyera la perspectiva de género en todos los puntos

Recientemente, participé en una Misión Internacional de verificación del cumplimiento de los Acuerdos de Paz de Colombia, organizada por la Fundación Mundubat y Brigadas Internacionales de Paz. Viajamos a Bogotá y a distintos territorios urbanos y rurales de la zona del Pacífico: Nariño (Tumaco), Valle del Cauca (Buenaventura), Cauca (La Elvira), Chocó (Quibdó) y Urabá (cuencas del Jiguamiandó, Curvaradó y Cacarica). Repartidos en grupos, las y los diez miembros de la misión nos reunimos con organizaciones de mujeres, de víctimas y de derechos humanos; con comunidades de afrodescendientes, campesinas e indígenas; con autoridades locales y nacionales; cuerpo diplomático; organismos internacionales; instituciones creadas por el Acuerdo de Paz y ex combatientes, mujeres y hombres de las FARC-EP ahora del nuevo partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC).

Las conclusiones de la misión fueron presentadas en Bruselas, el 6 de diciembre 2017, y están recogidas en el informe (véase enlace, al final) cuyo título, En los territorios la paz no se siente, la esperanza se mantiene, resume bien lo que pudimos captar. 

Recogeré algunas percepciones de líderes feministas con las que hablamos. Claudia Mejía, directora de SISMA Mujer y Marina Gallego, coordinadora de la Ruta Pacífica de Mujeres, tendían a ver el vaso medio lleno. La primera reconocía cambios positivos en el país, “… y de estos cambios sacamos las fuerzas para afrontar el resto. Aunque no se logra una comprensión uniforme de lo que es el enfoque de género, la participación de las mujeres sigue siendo baja y el marco normativo no se ha hecho aún operativo… el esfuerzo se va a ver.” La segunda destacaba el hecho de que las cifras globales de muertos en el país han descendido significativamente y cómo las mujeres han visto crecer la tranquilidad en sus vidas. “En los territorios, vemos esperanza: en Putumayo las mujeres dicen: ya podemos dormir en pijama… y poner cristales en las ventanas, cuando antes, por las bombas, teníamos plásticos… Tras 50 años de guerra, este país tiene que reubicarse en una cultura de paz y esto es difícil de hacer en un año. Hay que continuar trabajando, aunque solo saldremos adelante si nos creemos que la droga no tiene por qué ser un destino para Colombia.”

Sobre la implementación de los acuerdos, Adriana Benjumea era más pesimista: “Al mundo se le ha vendido que avanzamos en el enfoque de género y fue así, pero nos están sacando de los puntos de reincorporación económica. El enfoque de género enfatiza la violencia sexual pero las mujeres viven también otras violencias. Nos están dejando fuera de los puntos de las tierras y la coca… En cuanto a la seguridad, las mujeres siguen en medio de actores armados. No puede ser negligencia que los espacios dejados por las FARC no hayan sido asumidos por el Estado.”

Ciertamente, las mujeres de las comunidades de la zona del Pacífico nos comunicaron la zozobra y el miedo que estaban viviendo. Los espacios donde estaban las FARC han quedado a merced de la pelea por el territorio entre grupos paramilitares y la guerrilla aún activa del ELN pues el Estado no se ha hecho cargo. El gran negocio de la coca está en la raíz de esta pelea. También de las amenazas, la impunidad y el creciente número de líderes sociales asesinados. Se quejan de la ausencia de una pedagogía de los acuerdos de paz, que les permita conocerlos mejor y exigir su implementación. Pues tienen la esperanza de que finalmente los acuerdos van a mejorar sus vidas. Pero para ello, el Gobierno ha de cumplir. Y la Comunidad internacional seguir acompañando e implicándose para que efectivamente se cumplan.



Referencias bibliográficas

Publicaciones y enlaces: 

Fundación Mundubat, PBI Colombia, PBI Estado español (eds.) En los territorios la paz no se siente, la esperanza se mantiene. Informe de Misión Internacional de Verificación sobre la Implementación del Acuerdo de Paz con enfoque de género. Diciembre, 2017. https://pbicolombiablog.org/wp-content/uploads/2017/12/171220-Informe-Misi%C3%B3n-FINAL.pdf

Carmen Magallón: intervención en la rueda de prensa, dada en Bogotá, por la Misión Internacional de Verificación sobre la Implementación del Acuerdo de Paz con enfoque de género: https://www.youtube.com/watch?v=CMMQKBnTqD0

Carmen Magallón (2017): “¿Sigue siendo el género una categoría útil para la política? El caso de los Acuerdos de Paz de Colombia”, Real Instituto Elcano. Análisis y reflexiones sobre política internacional, Elcano blog: https://blog.realinstitutoelcano.org/genero-categoria-util-politica-acuerdos-de-paz-colombia/


Referencia curricular

Carmen Magallón Portolés es Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz y Presidenta de WILPF España (Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad). Doctora en ciencias físicas y habilitada para profesora titular de Universidad en Artes y Humanidades. Entre sus publicaciones: Mujeres en pie de Paz(Madrid, siglo XXI), Contar en el mundo. Una mirada sobre las relaciones internacionales desde las vidas de las mujeres (Madrid, horas y Horas) y Pioneras españolas en las ciencias (Madrid, CSIC).


Fuente: Con la A

febrero 21, 2018

Estocolmo regulará la publicidad por razón de raza o sexo. Prohibirá los anuncios racistas o sexistas y obligará a retirarlos en 24 horas


A finales de febrero y principios de marzo, la capital sueca comenzará con este nuevo plan.

Estocolmo prohibirá la publicidad considerada sexista y racista en medio de un debate público sobre si debe ser decisión de los políticos decidir qué carteles podrán ponerse en la ciudad y cuáles no. Para Daniel Hellden, miembro del Ayuntamiento de Estocolmo, luchar contra la publicidad sexista y racista es una "misión política y personal", según explica. "No deberíamos, como ciudad, ser parte de este tipo de publicidad. Tengo la responsabilidad ante los ciudadanos de Estocolmo de prohibir esto.", explica Hellden al medio británico.

El Ayuntamiento de Estocolmo, gobernado por el Partido Verde en coalición con los socialdemócratas, se prepara para iniciar una acción contra los carteles que no cumplan determinados requisitos. A finales de febrero y principios de marzo, la capital sueca comenzará con este nuevo plan.

El trabajo del consistorio se centrará en eliminar las vallas publicitarias, pantallas digitales y paneles de información que consideren discriminatorios. Aseguran que, tras la llegada de cientos de refugiados -Suecia es uno de los países europeos que más refugiados ha recibido en los últimos años- tienen que trabajar con más ahínco en la lucha contra los estereotipos racistas. Además, las vallas consideradas como "inapropiadas" deberán ser retiradas en 24 horas.

París, Londres y Barcelona ya regulan esta publicidad

Esta restrictiva medida no es pionera en Europa. Hace un año, el Ayuntamiento de París decidió eliminar los anuncios sexistas y degradantes de sus calles, tras una polémica campaña de la marca Yves Saint Laurent llamada "porno-chic".

La misma dirección que tomó Reino Unido y que comenzará a aplicarse este año. En marzo de 2016, también Barcelona aprobó una medida para incorporar a las ordenanzas la prohibición de los usos sexistas en la publicidad exhibida en espacios públicos.

Londres en 2016, por decisión de su alcalde Sadiq Khan, estableció que los anuncios que aparecen en los autobuses y en la red de Transport for London (TFL) deberían ser aprobados por un grupo directivo de acuerdo con unas regulaciones y requisitos pre-establecidos.

El lobby de Mujeres Suecas valoró hace unos meses a Suecia como "el peor de los países nórdicos en lo que respecta a las imágenes de género, debido a que es el único país nórdico que carece de legislación contra el sexismo y los estereotipos".

Pese a las críticas de la asociación de anunciantes suecos (Syeriges Annonsörer), el Ayuntamiento de Estocolmo se mantiene firme en su decisión y asegura que el resto de municipios y ciudades suecas se sumarán a esta iniciativa en los próximos meses o años.

Fuente: Semméxico

Mar Gallego: “Me gustaría un feminismo rural, de calle, de verbenas, de vecinas y a la fresquita”

“Combato la ‘andaluzofobia’ principalmente aportando estas miradas, tanto al proyecto como a mis trabajos como periodista o tallerista. Politizando la alegría”

Mar Gallego, impulsora del proyecto “Feminismo andaluz y otras prendas que tú no veías”.

Desde los patios de Chiclana a la fresquita hasta las conferencias en aulas magnas, Mar Gallego es la impulsora del manifiesto Como vaya yo y lo encuentre… y del proyecto “Feminismo andaluz y otras prendas que tú no veías”. Escribe en Pikara Magazine, traduce por “poderío” el manido empoderamiento, categoriza el “miralá cara a cara” al nivel del semita panim el panim, reivindica los pipazos con las amigas, la semiótica de resistencia de las mal llamadas “folkróricas”, la noción de comunidad en el materialista “poquito de hierbabuena” y en el periférico locus enuntiationis de “a la fresquita”. Resignifica a nuestras abuelas enlutadas, resabiás, currantes, cuidadoras, las cinco patas de la cultura andaluza, las alegrías en las fatiguitas y el ritmo maravilloso de nuestros acentos en la rapidez del habla y la calle. Sabe politizar la alegría, hacerla supervivencia.

¿Y tú de quién eres?

De Antonia, una mujer chiclanera que creció en un patio de vecinas en los que vivían familias enteras en una habitación. Un ejemplo de cómo la pobreza ha afectado a las mujeres andaluzas. Detrás de la figura de las madres hay todo un universo político de valores para la construcción de un mundo con menos egos, más ternura, más comunidad… También soy de Manué. Mi padre ha sido un gran maestro en mi vida. Me ha enseñado el arte de la alegría y es el ejemplo más cercano de cambio de roles que he vivido.

¿Qué nos puedes contar del proyecto Feminismo Andaluz?

El proyecto nace en 2012 cuando me falta ‘algo’ para contextualizar sentimientos de inferioridad que tengo. En 2016 me digo: “¡Coño, es que esto no es lo mismo!”. Fui consciente de que mi tierra tenía una mirada que era otra cosa y que no podía ser analizada desde un discurso extranjero. Dos ejemplos, la fiesta como resistencia política, creatividad, un derecho a hablar —el carnaval de Cádiz— y el hecho de que las mujeres andaluzas de clase pobre trabajaron y trabajan fuera de casa y que los feminismos hegemónicos no podían representarlas del todo. Ellas no solo se han ocupado del ámbito privado. El feminismo es clave para contextualizar la situación de la pobreza de las mujeres y entender que existen discursos que la justifican. Porque, si no contextualizamos, es revictimizante. Y poderío tenemos, claro.

¿Qué tiene que ver el proyecto con otros feminismos? ¿Y con los decoloniales?

El proyecto bebe de muchos feminismos, pero me gustaría situarlo más en lo local, lo provinciano. Un feminismo rural, de calle, de verbenas, de vecinas y a la fresquita. También del decolonial. Pero siendo conscientes de los privilegios por pertenecer a un estado considerado europeo. Aunque seamos las personas andaluzas las que trabajemos en la vendimia en Francia. Ramón Grosfoguel afirma que aquí empezaron las estrategias de persecución de la diferencia que luego se exportarían contra los pueblos indígenas. Lo ocurrido contra la población de judíos y musulmanes en la conquista de al-Andalus representa el primero de los cuatro epistemicidios más importantes de la historia. Esto implica una conspiración de invisibilidad —expresión de Alejandra Pizarnik— contra el pueblo andaluz y su conocimiento.

Hablas de la “Generación Susurro”. ¿Qué es esa generación?

Es esa generación andaluza de clase obrera, en la que me incluyo, que tuvo el primer título académico de su historia familiar, pero que se ha criado entre los susurros de “¿qué vamos a comer mañana?”. Vive entre dos mundos, se ve obligada a elegir entre tener raíces o tener alas. Es prima hermana de la pobreza, pero que no la reconoce muchas veces.

¿Qué es para ti la ‘andaluzofobia’? ¿Cómo la combates?

Este fue un término que aportó Ana Burgos, una activista feminista y antropóloga onubense. Es un proceso de desempoderamiento histórico y deposición de autoestima que ha sufrido durante siglos el pueblo andaluz y que nos lleva, por ejemplo, a disimular nuestro acento cuando no estamos en nuestra tierra. La combato principalmente aportando estas miradas, tanto al proyecto como a mis trabajos como periodista o tallerista. Politizando la alegría.

Por David Monthiel
Fuente: elsaltodiario.com

febrero 20, 2018

"El caso de Oxfam no es un problema de manzanas podridas ni solo de las ONG: es de la sociedad machista"

Hablamos con expertas en género del caso de Oxfam y los últimos casos de acoso y abuso revelados por algunas organizaciones

"Estos casos muestran que algunos trabajadores van con su mochila identitaria, que, como nuestra sociedad, es machista y racista"

Todas coinciden en la necesidad de que las ONG garanticen que los delitos "no queden impunes" e incorporen de forma interna mecanismos para garantizar la igualdad de género

Mujeres esperan por comida y agua en Warder, un distrito situado en la región somalí de Etiopía. Imagen de enero de 2017. AP / MULUGETA AYENE

Altos cargos y trabajadores de Oxfam pagaron por servicios sexuales a supervivientes del terremoto de Haití. Grupos de empresarios acudieron a fiestas donde pagan por servicios sexuales a una supuesta red de prostitución de menores tuteladas en las islas Canarias. Una cooperante describe los tocamientos de un compañero en plena misión humanitaria. Una mujer empieza a trabajar en una empresa de Madrid y su compañero no deja de insinuarse en el ambiente laboral, a pesar de sus negativas. 

Todos estos casos y sus diferentes representaciones de abuso y acoso sexuales se asientan, sostienen expertas en género consultadas, en una sociedad cimentada sobre una sociedad "machista" de la que pocos espacios se escapan. En el seno de las ONG, tampoco. "Una vez más se pone de manifiesto que vivimos en una estructura patriarcal y las organizaciones están formadas por personas", dice Ana Fernández, vocal de género de la Coordinadora de ONGD.

"Tenemos que luchar aquí y allí para abandonar este sistema que lo único que trae es privilegios para los hombres y violaciones de derechos sistemáticas para las mujeres y las niñas", añade la experta. 

"No es un problema de manzanas podridas, ni solo de las ONG: es de la sociedad, que es machista", coincide Itzíar Ruiz-Giménez, profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma. Expertas consultadas destacan que las misiones de acción humanitaria suelen estar, además, muy copadas por hombres, lo que también explica, a su juicio, que en casos como el perpetrado por altos cargos de Oxfam, algunos "desplieguen" su poder sobre poblaciones azotadas por catástrofes naturales, los conflictos o la pobreza.

Pero su responsabilidad, sostienen, es aún mayor. "La violación, el abuso sexual o la prostitución forzosa son delitos y los perpetradores de los mismos delincuentes y si estos pertenecen a una ONG, son doblemente culpables, pues en la comisión de sus crímenes están traicionando los principios rectores de las entidades para las cuales trabajan", opina Mila Ramos, directora de la ONG Mujeres en Zona de Conflicto, en un post personal remitido a este diario.
El riesgo de abuso de poder en las misiones 

Quienes han trabajado años en el terreno sostienen que los casos de abuso y acoso que están siendo revelados en los últimos días "no les sorprenden". Marina (nombre ficticio porque prefiere mantener el anonimato) explica que "el terreno se presta mucho a situaciones de acoso para aquellas personas que no trabajan en el tercer sector por convicción". Algunos de estos hombres, que aclara que son una minoría, se aprovechan de "estar fuera de la vigilancia constante de la organización y encontrarse fuera de su realidad".

En determinados contextos, señalan varias trabajadoras humanitarias feministas consultadas, han sido testigos de casos de relaciones de abusos de poder. "El típico trabajador de una ONG u organismo humanitario que mantiene relaciones con una mujer que vive en una clara situación de vulnerabilidad, con una diferencia de poder adquisitivo descomunal", apunta Laura (nombre ficticio), que trabajó como directiva de proyectos durante años en África y América Latina. "Son esos casos en los que existe una línea muy fina entre pagar por sexo y el ligoteo entre personas con una enorme diferencia de poder adquisitivo". 

Despues de las primeras evacuaciones de emergencia, las ONG están centradas en la atención a los supervivientes y les preocupa la insalubridad, por el riesgo a la propagación de enfermedades. | Intermón Oxfam (David Illera).

"Cuando estas personas van a los países se generan relaciones desiguales: ellos, a nivel muy micro, tienen una situación de poder, por recursos económicos y su aparataje intelectual, y se encuentran un escenario de desigualdad económica y social respecto a las mujeres del sur", explica Ruiz-Giménez. "Estos casos muestran que algunos trabajadores van con su mochila identitaria, que, como nuestra sociedad, es machista y racista", añade.

Tras sus años de trabajo en el terreno, en los que sufrió episodios de acoso por parte de compañeros y población local, Laura hace un análisis similar: "He visto que en estos contextos las relaciones de poder son más evidentes por el hecho ser blancos y blancas. Si además eres hombre, o lo tienes muy trabajado, o inevitablemente vas a reflejar una relaciones de poder muy desiguales o hegemónicas", apunta.

La fallida respuesta de Oxfam

Todas coinciden en que la respuesta llevada a cabo por Oxfam tras el conocimiento de los abusos acumula alguno de los errores más habituales. Las expertas consultadas destacan la necesidad de garantizar que las víctimas puedan acceder a la justicia y que los delitos "no queden impunes". Este fue, sostienen, uno de los fallos que cometió Oxfam.

"La respuesta no puede ser la de siempre: despedir a estos señores", insiste la profesora Ruiz-Giménez. "Es necesario que sean enjuiciados y que paguen por los crímenes cometidos, y es necesario que se repare a las supervivientes de estos delitos. Que esto no se quede en un escándalo sexual más", dice Ramos.

"No estamos hablando de deslealtades a la empresa: es un delito. Debe haber una consecuencia penal, no laboral", opina Violeta Assiego, abogada experta en derechos humanos. De esta forma, también se evitaría, asegura, que los exempleados pudieran pasar a trabajar a otras ONG. "Falta información sobre cómo se ha abordado este tema con las víctimas, si se les ha reconocido como tal, por ejemplo, económicamente, o si se les ha dado atención social y psicológica", añade.

Para luchar contra la desigualdad de género fuera, también es necesario, recalcan, que las ONG incorporen internamente medidas encaminadas a acabar con la desigualdad dentro, las mismas que el movimiento feminista llevan años reclamando y en las que el sector ya trabaja: planes de igualdad para romper el techo de cristal, políticas de conciliación o mecanismos más reforzados de control de estos casos y contra la discriminación racial.

"Llevamos bastante tiempo insistiendo y se están tomando medidas", resume Fernández, de la Coordinadora de ONGD. "La mayoría de las ONG están implantando una política de género. Por ejemplo, se hace hincapié en que el perfil de los trabajadores que contratan a otros empleados en las ONG deben estar formados en género. Esto asegura, por ejemplo, que a la hora de las entrevistas hagan preguntas necesarias para tratar de evitar estos casos", sostiene. Otra de las líneas debe ser, a su juicio, dar más apoyo a las organizaciones feministas locales de los países en los que las ONG trabajan.

Una comisión feminista para controlar

En esta línea, Oxfam se ha comprometido a "mejorar" a través de una comisión de expertas feministas independientes. El objetivo: "Garantizar que ninguna persona es víctima del sexismo, la discriminación o el abuso, que todas las personas, y especialmente las mujeres, se sientan libres de denunciar malas conductas, y que todos los miembros de su personal tengan claro qué comportamientos son aceptables y cuáles no".

El grupo de especialistas, según ha anunciado la ONG tras el escándalo, "tendrá acceso a todos los registros de Oxfam y podrá entrevistar a los miembros de su personal, sus organizaciones socias y las comunidades a las que presta apoyo en todo el mundo".  La solución para la organización británica, por tanto, pasa por que sean mujeres feministas quienes revisen los cimientos de la organización.

Al ser un problema estructural, todas las expertas consultadas coinciden en que "no se debe criminalizar la labor de todo un sector" por estos episodios. Y destacan que el hecho de que hayan salido a la luz varios casos también representa una oportunidad de "mejorar", dentro de un momento histórico en el que, más que nunca, se está "rompiendo el silencio" sobre el acoso y el abuso sexual que sufren las mujeres de todo el mundo.

Fuente: El Diario.es