enero 16, 2018

Diálogos entre el feminismo y la ecología desde una perspectiva centrada en la reproducción de la vida. Entrevista a Silvia Federici


Silvia Federici es reconocida por su participación en la Campaña Internacional Wages for Housework en los años setenta. En 1980 trabajó como profesora en Nigeria y acompañó diversas luchas contra el despojo de la tierra. Es autora de Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, obra traducida a catorce idiomas hasta la fecha. En el marco de una conversación con ella durante algunos días de agosto de 2017 en la ciudad de Nueva York, lugar en el que reside desde hace más de cuarenta años, nos habló sobre la importancia del diálogo entre el feminismo y el ecologismo, entendidos como perspectivas históricas y campos críticos de conocimiento y praxis que han abierto potentes horizontes de transformación social. Ligado a esto, enfatizó la importancia y los desafíos que enfrentan las mujeres en defensa de la vida para participar, decidir y tomar las riendas del devenir de su existencia. 

La articulación y el cruce entre el feminismo y el ecologismo cobran mucho sentido en la crítica a los efectos cada vez más devastadores que el capital produce sobre la vida. Según tu experiencia, ¿cómo se inició y se fue configurando este diálogo?

Surgió a finales de los años setenta desde muchas direcciones y como respuesta a agresiones cada vez más radicales. El ecofeminismo nació del interés de las feministas por la naturaleza y por la lucha contra el despojo de los medios de vida. Por un lado, a partir de los años setenta y ochenta comenzó un nuevo ataque; el regreso de una política colonial organizada por el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), centrada en el despojo de la naturaleza con la implementación de formas de desarrollo completamente destructivas. Para los movimientos y el feminismo, el nuevo proceso de cercamiento a la tierra se volvió un tema central, pues se trata de la destrucción de la forma más fundamental de nuestra reproducción.

En el mismo periodo, a nivel internacional se fue dando un proceso de maduración de lo que significaba la política del cuerpo para el feminismo. Se dio una comprensión de que el cuerpo es sexualidad, procreación, y que ha sido uno de los terrenos de explotación más importantes para el capitalismo. En ese proceso de reconocimiento de nuestro cuerpo, somos más sensibles al ambiente, a la naturaleza, a la continuidad de nuestra vida con el aire, el agua o la comida. El movimiento feminista ha desarrollado una comprensión de cómo se reproduce la vida en la que el cuerpo no está aislado, sino que es parte de un ambiente natural. Por ejemplo, el movimiento ecologista en su primera fase tenía el eslogan “Piensa como una montaña”, lo que buscaba colocar la lucha en la perspectiva de una montaña. El ecofeminismo dijo: “No somos montañas”, no hay que pensar en una naturaleza sin seres humanos, nosotras somos parte de la naturaleza.

Esto no significa naturalizar a las mujeres, acusación que se hace contra las ecofeministas, sino comprender cómo el capitalismo ha necesitado y ha explotado el cuerpo de la mujer y la naturaleza. Vemos una similitud entre las formas de explotación de las mujeres y de la naturaleza, con modos de intersección que se intensifican recíprocamente.

En el ecofeminismo se unieron dos movimientos fundamentales para darnos una visión sobre la continuidad entre capitalismo y patriarcado y luchar por la preservación de la naturaleza. Considero que el ecofeminismo ha cambiado mucho el sentido del movimiento feminista, ha ampliado su capacidad para pensar la transformación social. Esto nos ha permitido abrir el discurso e introducir nuevas temáticas, como la tierra, el agua, el cuerpo, el territorio, el cuerpo-tierra.
Imagen 1. Cubierta de Calibán y la bruja.
Mujeres, cuerpo y acumulación
 originaria de Silvia Federici.
 Fuente: Traficantes de Sueños.[1]

Desde la perspectiva de la reproducción de la vida, ¿cómo entiendes la relación de la mujer con la naturaleza? Y en ese sentido, ¿cuáles han sido las formas particulares e históricas de opresión y explotación capitalista?

Por millones de años nuestro cuerpo se ha formado en un continuo intercambio con el mundo de la naturaleza. Y eso ha creado una serie de necesidades. Por ejemplo, una puede morir o sufrir enormemente si no puede ver el cielo, si no puede respirar aire puro, si no puede tener contacto con los vientos. En la vida de la humanidad, durante diferentes generaciones, una gran fuerza ha provenido del contacto con el mundo de los organismos vivientes. El cuerpo humano ha evolucionado en continuidad con otros, en constante interacción con el mundo de la naturaleza y de los animales que nos circundan. Con la llegada del capitalismo, se dio un empobrecimiento masivo porque este nos aisló, nos separó. El ecofeminismo y el ecologismo han subrayado esta separación. No solo se trata de una separación económica que el capital ha generado entre las personas y la tierra, también se ha dado una pérdida de capacidad de poderes, porque se ha aislado al cuerpo humano de su ambiente natural. Es una forma de cercamiento a la tierra y a los cuerpos.

Está claro que los efectos de la destrucción capitalista del ambiente han impactado en las mujeres más que en los hombres, porque nosotras estamos directamente involucradas en la reproducción de la vida. El proceso de reproducción ha creado lazos muy importantes de la mujer con el ambiente natural. Por eso no me parece casual que las feministas y otras mujeres hayan sido las encargadas de ampliar el discurso crítico de los ecologistas contra el capitalismo. Han comprendido más directamente toda la implicación de la destrucción de la naturaleza en nuestra vida, y han tratado de entender cómo el capitalismo busca explotar, apropiarse de la producción de la vida, dominar todos los sistemas y procesos que la producen, transformarlos en procesos y sistemas que producen ganancias, encauzar las fuerzas productivas del cuerpo de las mujeres y de la naturaleza hacia la acumulación. Las mujeres han sufrido en su propio cuerpo esa apropiación, la distorsión de su capacidad de crear la vida, la penalización del control de la procreación, de su sexualidad. A partir de esas experiencias han comprendido que el patriarcado y la destrucción de los elementos de la naturaleza son parte de un mismo sistema de pensamiento y dominación.

¿Cómo caracterizas el momento actual? ¿Cómo ves las luchas de las mujeres y qué desafíos consideras se están enfrentando? ¿Qué puedes transmitirnos a partir de tu experiencia?

Desde los años setenta se viene reestructurado la economía global de muchas maneras. Aunque con algunas diferencias, el hilo conductor en todas las realidades es la crisis de la reproducción, pues se han atacado de forma continua las medidas más básicas que las poblaciones del mundo tenían para reproducirse: mediante la privatización de la tierra, los ataques a los regímenes comunitarios con políticas extractivistas, los cortes de recursos públicos, la precariedad del trabajo.

Por eso la violencia se ha incrementado en el mundo, pues es la única forma de imponer un sistema de precarización de la existencia. En todo esto, el fracking es una metáfora social, un método de extraer, de exprimir la tierra, de destruirla para saquear todos sus tesoros. Lo mismo pasa con las personas. Estamos enfrentando un capitalismo que exprime todo lo que puede para continuar su lógica de acumulación. El capitalismo necesita cada vez más violencia para sustentarse. La guerra es una medida económica, mediante ella se cambian las relaciones económicas para modificar la situación. Con la guerra se destruyen países completos, y después se habla de que eran Estados fallidos.

Y en eso son muy importantes las luchas para defender y recrear las varias formas de existir, para recrear un sentido de solidaridad social. En América Latina, esto lo podemos ver en las villas miseria y en los barrios populares, donde las mujeres han creado formas de solidaridad y capacidades para reproducirse de forma diferente como estrategias de supervivencia, pero también han creado lazos y relaciones sociales diferentes.

Estamos enfrentando un momento muy confuso y difícil, pero también de gestación de algo nuevo. Veo que hay un movimiento de mujeres muy rico, con muchos frentes, que no siempre parecen caminar juntos, pero que sí lo hacen: mujeres indígenas y campesinas contra el extractivismo y la explotación de la naturaleza, redes de economía feminista, mujeres contra las múltiples violencias. Las mujeres ya no aceptan ser subordinadas. Las mujeres están creando sus espacios, partiendo de su propia experiencia, pensando lo que quieren para sus propias comunidades y colectividades. Las mujeres están descubriendo su propia fuerza. La dimensión de la espiritualidad está siendo muy importante, pero también reconocen sus dolores, las formas en las cuales nos autodestruimos, autodesvalorizamos e interiorizamos el capitalismo. Este es un proceso colectivo que no podemos hacer solas. Una generalmente no se mira con sus propios ojos, se miras a través de los otros o de lo que yo llamo la mirada del mercado. El mercado del matrimonio, el mercado del trabajo y de los empleadores, pero una nunca se mira con sus propios ojos. La fuerza del feminismo radica en cambiar la forma de mirarnos a nosotras mismas, por ejemplo a través de la mirada de nuestras hermanas. Cuando te ves a través de la mirada de las mujeres que amas y con las que luchas, es muy diferente a cuando te miras desde fuera.

Por eso son tan importantes los espacios de mujeres, porque estas experiencias no se pueden expresar cuando hay un espacio controlado por los hombres. Las mujeres de algunas comunidades pueden participar en las asambleas, pero en otras no se les permite. En ese sentido, los hombres tienen que cambiar, tienen que moverse de lugar. Cuando las mujeres señalan la violencia machista en sus colectividades, no son ellas las que debilitan la lucha, son los hombres los que la están saboteando. Si reduces y sofocas la capacidad de intervención y de lucha de las mujeres, debilitas la lucha.

La lucha es una medida de autoliberación. La política no debe ser un trabajo alienado, sino algo que confiere fuerza, comprensión y mejores relaciones con los otros. No debemos llevar a cabo la lucha como un deber. He escrito algo sobre la militancia feliz. Pienso que no hay que sacrificarse. Hay que hacer cosas que tengan que ver con nuestro bienestar. Si la lucha va en contra de nosotras, algo no va bien. Es muy importante que luchemos con un cuerpo y un corazón fuertes y no debilitados, alimentarnos bien en todos los niveles. Cada una tiene capacidades particulares y específicas; hay que ver dónde queremos estar y cómo queremos contribuir.


[1] El texto completo en castellano se puede descargar del siguiente enlace: https://www.traficantes.net/sites/default/files/pdfs/Caliban%20y%20la%20bruja-TdS.pdf


Por Mina Lorena Navarro Trujillo* y Raquel Gutiérrez Aguilar
Área de Entramados Comunitarios y Formas de lo Político, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades Alfonso Vélez Pliego, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México. Autora para la correspondencia: Mina Lorena Navarro Trujillo. E-mail: mlorena.navarrot@gmail.com. Twitter: @MinnaLunn.

Rostros dentro del Parque Nacional Yasuní. Reportaje fotográfico de las mujeres que viven dentro del Parque Nacional Yasuní.

Fotografía Diana Troya

El Parque Nacional Yasuní es un área megadiversa, de las pocas reservas de la biósfera (Unesco) y patrimonio ancestral, su ubicación entre las faldas andinas, la base amazónica y la línea ecuatorial lo hacen único en biodiversidad para toda la región (Bass et al., 2010). En 1989 se reconoció la Reserva Étnica Waorani (Bass et al., 2010) con el fin de respetar la herencia de los pueblos indígenas que habitan en el territorio del Yasuní desde hace más de 12 mil años (Mora, 2010). Sin embargo, en 1992 la explotación petrolera se acercó al Parque Nacional Yasuní (PNY) con la creación de un camino que penetra más de 140 km dentro del PNY realizado por parte de la Maxus Ecuador Inc. (Suarez et al., 2008). La creación de este camino tuvo un impacto sumamente alto en las comunidades Waorani y Kichwa que viven dentro del PNY y en las zonas de alrededor del mismo.

La explotación maderera en el pasado, la actual explotación petrolera y una occidentalización extremadamente acelerada introducida en el territorio pone en peligro la cultura Waorani, Kichwa y las tribus no contactadas Tagaeri y Taromenane. Toda esta dinámica ha abierto paso a la creación de mercado ilegal de carne de monte, tráfico de especies y afectaciones serias en el equilibrio ambiental y social. Por estos motivos es que la identidad cultural Waorani se encuentra en riesgo.

Según el artículo 57 de la Constitución de la República del 2008, los pueblos y nacionalidades indígenas deben tener garantizados sus derechos colectivos y por lo tanto se les debe consultar previo a la explotación e introducción en sus territorios. Sin embargo, esto no ha sucedido con los y las habitantes de la Parque Nacional Yasuní.

Durante un año y medio varias personas afines a la conservación, arte urbano y educación desarrollaron un proyecto en la zona denominado BioMurales. El proyecto se enfocó en la reapropiación del espacio y apoyo a una memoria de la cultura Waorani y Kichwa, donde se llevaron a cabo talleres sobre conservación ambiental y la naturaleza como parte de la identidad cultural, del cual; mujeres, hombres y niñas fueron parte.











Parte importante del proyecto fue la interacción de las y los participantes y artistas en el cotidiano de las personas que habitan en el PNY como una forma de llevar su voz y la belleza de la zona a más lugares a través del arte. Esta serie fotográfica de Diana Troya (@dianatroyar) muestra el cotidiano de las mujeres que habitan en la comunidad Waorani de Guiyero, la cual se encuentra dentro del área del PNY.

Las participantes en su mayoría son mujeres, niñas y niños que hablan Wao Tededo y español, y se encuentran en constante contacto con trabajadores de la petrolera, investigadores de las dos estaciones científicas cercanas, colonos y voluntarios.Artistas y voluntarios/as que participaron: Vera (instagram: @veraprimavera), Apitatán (instagram:@apitatan ), Mantra (instagram:@mantrarea), Louis Masai (instagram:@louismasai), Zowith (instagram:@zowith), Faibol (instagram:@faibol112), Chiri, Taita , Diana Troya (instagram:@dianatroyar), Noemí Cevallos, (instagram:@sncevallos), Erika Troya, Santiago Cordero (instagram:@paint8) David Lasso (ECY), Miguel Rodriguez (ECY). 

Fuente: laperiodica.net/

enero 15, 2018

Las trabajadoras agrícolas, domésticas y de sectores de bajos salarios enfrentan serios problemas al denunciar el acoso sexual


La exposición de las conductas depredadoras de algunos hombres poderosos, como el magnate de la industrias del cine Harvey Weinstein, ha abierto el espacio para que millones de personas compartan sus historias de acoso y violencia sexual. Y aunque todas las mujeres son vulnerables a este tipo de violencia, aquellas mujeres que no son figuras públicas son más propensas a sufrir represalias cuando denuncian a sus abusadores. Analizamos cómo el abuso sexual es también algo común en los sectores de bajos salarios, como la industria agrícola, los servicios de limpieza de hoteles, o el sector doméstico, donde los puestos de trabajo son ocupados de forma desproporcionada por mujeres de color y mujeres inmigrantes, quienes son extremadamente vulnerables a al acoso y la violencia sexual. Para hablar más sobre el tema nos acompaña Mily Treviño-Sauceda, cofundadora y vicepresidenta de la Alianza Nacional de Campesinas de Estados Unidos.

AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now!, democracynow.org. soy Amy Goodman con Nermeen Shaikh.

NERMEEN SHAIKH: El 6 de diciembre, la revista Time anunció que la “Persona del año 2017” son un grupo de mujeres que se pronunciaron en contra del acoso y abuso sexual, dando inicio a un movimiento internacional. El grupo ha sido catalogado como “las mujeres que rompieron el silencio”, e incluye a actrices de Hollywood, periodistas, trabajadoras agrícolas y limpiadoras de hotel. El anuncio de la revista Time se produjo después de que el presidente Trump afirmara que él mismo estaba entre los seleccionados para ser la “Persona del año” de la revista Time. El presidente Trump has sido acusado de acoso sexual por al menos 16 mujeres.

AMY GOODMAN: La exposición de las conductas depredadoras de algunos hombres poderosos, como el magnate de la industrias del cine Harvey Weinstein, ha abierto el espacio para que millones de personas compartan sus historias de acoso y violencia sexual. Y aunque todas las mujeres son vulnerables a este tipo de violencia, aquellas mujeres que no son figuras públicas son más propensas a sufrir represalias cuando denuncian a sus abusadores. Para hablar más sobre el tema nos acompaña Mily Treviño-Sauceda, cofundadora y vicepresidenta de la Alianza Nacional de Campesinas de Estados Unidos. Mily es una ex trabajadora agrícola y organizadora sindical de la Unión de Campesinos-United Farm Workers. En el artículo de la revista Time sobre el acoso sexual se cuenta la historia de Isabel Pascual, aunque ese no es su nombre real, es un pseudónimo que la mujer uso por miedo a represalias. Isabel Pascual buscó ayuda en la organización en la que trabaja Mily. ¿Nos puede hablar de la historia de Isabel?

MILY TREVIÑO-SAUCEDA: Sí. La historia de Isabel Pascual, como sabemos es un nombre anónimo, trata de una trabajadora del campo que no es la primera vez que le pasa pero esta fue su experiencia más fuerte. Durante el trabajo, uno de los trabajadores empezó a acosarla pero al rechazar sus propuestas y cumplidos, él empezó a decir que ella estaba saliendo con él, que era su novia. Ella, habiéndose separado de su esposo recientemente, eso le estaba creando más problemas y a la vez esta persona seguía acosándola en el trabajo. Ella se quejó y la compañía solamente la movió a otra parte, a otra cuadrilla, dentro de la misma compañía, pero permitió que el abusador trabajara en la cuadrilla donde ella estaba. Ella seguía con miedo porque él la amenazó diciendo que si ella decía algo acerca de los abusos, él iba a hacerle daño a sus hijos, y ella viviendo sola y teniendo hijos, eso aumentó su miedo. Hasta que no habló con nosotras y le dijimos: “Mira, tú tienes el derecho de quejarte y exigir a la compañía que te den seguridad”. Y cuando se quejó solamente la volvieron a mover a otra cuadrilla, y aunque no ha visto al abusador, él empezó a acosarla fuera del trabajo, entonces lo que hicimos nosotras fue decirle a Isabel que ella tenía derecho a hacer una queja en la corte. Ella tiene miedo ya que su familia viene de una comunidad indígena de México, y la comunidad en dónde viven ahora es muy chica, y se le está creando un sentimiento de vergüenza, echándole la culpa a ella y diciéndole que no haga nada. Nosotras la estamos apoyando para ayudar a explicarles a los familiares y a la gente cercana que ella no está causando el problema, sino que es la otra persona la que lo está causando. Y ahora sus amigos están empezando a apoyarla, pero fue muy difícil para ella. Ella está contenta que no fue violada, aunque casi llega a ese punto, así que la hemos ayudado a que no tenga este problema por el momento. Este es uno dentro de los muchos casos que podemos contar en donde las mujeres han tenido experiencias aún peores, donde han sido ultrajadas, violentadas y cuando vienen a nosotros ya ha pasado algún tiempo, pero hemos tratado de exigirle a las agencias del Gobierno que pongan más atención, que les den más apoyo, que estén mejor preparadas para que la gente de nuestra comunidad pueda ayudar a estas mujeres a que tengan la confianza necesaria para presentar una queja con la seguridad de que se les va a apoyar, de que se va a hacer algo, de que se va a presionar a la compañía para que les brinden seguridad a sus trabajadores.

NERMEEN SHAIKH: Mily, ¿cuáles son los cambios que deben ocurrir en la comunidad de campesinas, y en las comunidades en general, para facilitar que mujeres como Isabel Pascual, u otras víctimas de incidentes de violencia sexual aún peores, puedan hacer sus denuncias?

MILY TREVIÑO-SAUCEDA: Hemos batallado mucho para asegurarnos de que las mujeres se sientan en confianza en nuestras comunidades para poder hablar sobre la situación del acoso. El acoso está conectado con la sexualidad y con hablar acerca de sexo, son tabúes que existen en nuestra comunidad, y hay muchos mitos de que la mujer es la culpable de este problema y que exageramos estas situaciones, se cree que los hombres nos hacen un favor al fijarse en las mujeres. Lo que estamos tratando de hacer es crear teatros y proyectos que ayuden, como el proyecto Bandana, que fue creado hace varios años por Mónica Ramírez, quien es ahora la presidenta de Alianza, en donde desde hace casi diez años empezamos este proyecto en el cual le pedimos a la gente de nuestra comunidad que diseñen las bandanas blancas con ejemplos o mensajes que hablen acerca del problema del acoso sexual. ¿Qué derechos tienen las mujeres? y lo que hemos logrado es que las mismas mujeres empiecen a sanar y a hablar, ya sea por medio del teatro, donde ellas mismas son las que están ayudando a platicar de lo que ven en el teatro es algo que es malo, que ellas necesitan más apoyo, y de qué manera pueden tener opciones, o saber dónde están los programas, quién las puede apoyar. Y eso está abriendo el diálogo que buscábamos. También necesitamos asegurar que las políticas y las regulaciones que se están tratando de crear sean también monitoreadas por las agencias que están encargadas, porque a veces tener muchas regulaciones no es suficiente sin investigaciones y monitoreos. Además es importante tener agencias que estén bien preparadas para dar el servicio apropiado, dentro del contexto de cómo se vive en estas comunidades y tomando en cuenta la cultura de nuestra gente.

AMY GOODMAN: Mily Treviño-Sauceda, su organización, la Alianza Nacional de Campesinas, le escribió una carta a las mujeres de Hollywood que rompieron el silencio y denunciaron el acoso sexual y el abuso en esa industria. ¿Nos puede contar qué decía esa carta?

MILY TREVIÑO-SAUCEDA: Nosotras quisimos enviar una carta a las actrices, actores y modelos que sabíamos que también estaban pasando por lo mismo en su industria, porque nos dimos cuenta que también a ellas les pasaba y no nos sorprendió, porque nos pasa a nosotras aunque estamos muy aisladas y lejos, y nos dimos cuenta que esto se ha dado porque hemos creado ese privilegio para ciertas personas, en la mayoría de los casos hombres, que permite que crean que pueden tratar a una mujer como quieran, de una manera que ellos creen correcta, pero que en realidad supone un abuso. Ellos piensan que la mujer es un objeto. Lo que nosotras sabemos que se necesita hacer es apoyar a las mujeres para que puedan hablar y contar lo que les está pasando, y que sepan que hay organizaciones como la nuestra. Existen 15 organizaciones dentro de Alianza Nacional de Campesinas que nos hemos unido, siendo Líderes Campesinas la pionera de esta organización nacional por 25 años, durante los que hemos tratado de darle visibilidad a este problema, y hemos creado capacitaciones para nuestras miembros. Y cuando hemos organizado a mujeres en 11 regiones alrededor de California, nos dimos cuenta que las mujeres están mejor preparadas teniendo la información de dónde pueden encontrar recursos, sabiendo cuáles son las regulaciones, cuáles son las agencias que deben de estar monitoreando, representando y demandando para darles seguridad y un mejor espacio para la mujer en el trabajo. Estamos tratando de compartir toda esta ayuda e información alrededor de nuestras organizaciones para que todas sepamos que esto sí está funcionando. Además, lo que necesitamos es asegurar que haya fondos que nos permitan capacitar a más mujeres, apoyar a más mujeres y hacerles saber que estamos aquí, no estás sola, tienes opciones, hay agencias y regulaciones, tienes derecho y el asalto sexual es un crimen, no está bien que te acosen, el ser indocumentada no quiere decir que no tienes derechos, al contrario, el ser humano tienes el derechos elementales.

NERMEEN SHAIKH: Mily, usted es la cofundadora de la Alianza Nacional de Campesinas. ¿Nos puede contar su propia historia y qué la llevó a formar su organización?

MILY TREVIÑO-SAUCEDA: Mi historia tiene mucho que ver con que yo vengo de una familia migrante, campesina, de 10 hijos e hijas, algunos nacimos en el estado de Washington, otros en el estado de Idaho y otros en México. Después nos mudamos al estado de California hace casi más de 40 años. La situación de nosotras, las mujeres campesinas, en una industria donde la trabajadora no tiene visibilidad, se ha creado porque estamos muy lejos de todo. Nuestros trabajos están a kilómetros de los pueblos y las ciudades con recursos. Entonces no conocemos todo esto. La creación de la Alianza Nacional comenzó con la creación de una organización pequeña en California que se transformó en una organización estatal, en donde nosotras las mujeres empezamos a crear cuestionarios preguntándonos unas a otras: ¿cuál es nuestra situación en nuestro entorno laboral?. Y lo que conocimos a través de esas encuestas en que la violencia contra la mujer era un problema muy grave. Un problema en el cual nosotras necesitábamos involucrarnos, sin esperar que alguien más viniera a salvarnos, nosotras teníamos que organizarnos. Eso sirvió para que nosotras, a través de los años, empezáramos a buscar programas de apoyo a las mujeres. Esta fue una tarea muy larga, porque al principio no creían que mujeres campesinas, muchas de nosotras sin educación, fuéramos inteligentes sin haber ido a la escuela. Eso no nos detuvo, organizamos a más mujeres, hablamos, y en grupos creamos estrategias para poder ir a hablar con las agencias y las personas con las que necesitamos hablar, como los congresistas, para poder convencerlos de que las regulaciones que existen son muy pobres, que necesitamos más apoyo. Y las agencias que existen necesitan hacer mejor su trabajo. A través de los años empezamos a conocer a más mujeres, cuando íbamos a conferencias alrededor de Estados Unidos, y nos dimos cuenta que había muchas mujeres que estaban interesadas en hacer lo mismo que estábamos haciendo en California y que ya estaban haciendo algo de trabajo en sus comunidades para combatir los problemas que enfrentamos como mujeres y hablar más sobre lo que es la violencia contra la mujer, que es un tema del que casi no se hablaba, y nosotras hemos podido ayudar, organizando esta alianza, para darles a las mujeres, no solamente más visibilidad, sino capacidad de exigir mejores regulaciones a nivel nacional, mejor abogacía, para poder parar estas situaciones y promover que hayan mejores normas, que apoyen a nuestra gente, y que nosotras seamos más visibles. Si somos más visibles se nos mira más como seres humanos.

AMY GOODMAN: Mily, quiero darle las gracias por haber estado con nosotros. Mily Treviño-Sauceda es cofundadora de la Alianza Nacional de Campesinas, ex trabajadora agrícola y miembro del sindicato Unión de Campesinos, y se ha comunicado con nosotras desde Palm Springs, en California. Una de las mujeres que aparece en la portada de la edición de la revista Time sobre la “Persona del año” titulada “Las mujeres que rompieron el silencio” es una mujer a quien la revista llama Isabel Pascual, una recolectora de fresas e inmigrante mexicana que buscó ayuda en la organización de Mily. Mily Treviño-Sauceda acaba de ganar un premio a la creatividad de las mujeres y la vida rural otorgado por la Women’s World Summit Foundation por su enfoque creativo para ayudar a las mujeres campesinas a comprender y enfrentar sus desafíos diarios. Esto es Democracy Now!, soy Amy Goodman con Nermeen Shaikh. Para ver nuestra conversación en inglés sobre el acoso y violencia sexual con Mily y otras invitadas, visite nuestro sitio web, democracynow.org.

Por Amy Goodman y Nermeen Shaikh
Fuente: Democracynow.org

Modernidades y falacias

Hace algo más de un año y en un artículo llamado “Tradiciones y patriarcado: Otra alianza que perjudica seriamente la igualdad entre mujeres y hombres”, ya comentaba cómo el patriarcado se sirve de muchas herramientas para perpetuarse y cómo las tradiciones son una de esas herramientas.

Cuando se exigen cambios para construir sociedades más igualitarias y más equitativas entre mujeres y hombres, de inmediato aparecen las fauces patriarcales con sus herramientas y mil caras para desmontar los argumentos para esos cambios.

Se apuesta por la modernización y la investigación en las diferentes disciplinas académicas, en las industrias, en las administraciones, en todos los órdenes de la vida para (supuestamente) mejorar la calidad de vida de la ciudadanía. Pero cuando se trata de mejorar la vida de las mujeres y las niñas específicamente, para que estas sean menos desiguales, parece que entra una ceguera colectiva y se abre la etapa de los “peros”, de los “siempre ha sido así”, “no lo hemos inventado ahora”, “eso conlleva estrechez de miras”, “a los hombres también nos pasa”, “es la puerta a un nuevo puritanismo sexual”, y así un largo etc. y esta semana estoy atenta a dos casos concretos.

Las consecuencias del movimiento mundial #MeToo en contra del acoso sexual que vivimos las mujeres al parecer no han gustado nada a Catherine Deneuve y un grupo más de mujeres francesas que hablan de “odio hacia los hombres y la sexualidad”. También advierten el regreso de una “moral victoriana” oculta bajo “esta fiebre por enviar a los cerdos al matadero”, que no beneficiaría la emancipación de las mujeres, sino que estaría al servicio “de los intereses de los enemigos de la libertad sexual, como los extremistas religiosos”.

A ver, por partes. 

La justificación a algunos tipos de abusos que se ejercen contra las mujeres y las niñas de forma cotidiana, es directamente la asunción de la desigualdad entre mujeres y hombres y, por tanto, convertirse en una voz y en una herramienta del patriarcado que precisamente pretende mantener el orden asimétrico en esas relaciones para mantener el orden dominación-sumisión. La libertad sexual lo es realmente cuando dos personas desean por igual mantener cualquier tipo de relación desde una caricia hasta el propio acto sexual en sus múltiples formas y variantes. 

Al menos para mí, la libertad sexual no pasa porque un hombre me diga que si no estoy con él soy una estrecha o una puritana. E incluso a una mujer que actuara así, tampoco se lo permitiría. Mi libertad sexual no nace de los deseos de otras personas, nace de mi deseo. No necesito que nadie me dé permiso para ser libre en cualquier ámbito. 

El manifiesto de estas mujeres defiende a capa y espada los tradicionales roles femenino y masculino, sin apostar ni un ápice por cambiar nada. Patriarcado en estado puro. De nuevo la tradición pasa por la defensa de las normas marcadas por la parte dominante de esta situación. De nuevo quienes cuestionan este orden son las “marcadas” como diferentes por atreverse a cuestionarlo.

Pero además considero que aunque solo fuera por pedagogía de cara a quienes vienen detrás, se debería tener en cuenta cómo esa pretendida libertad para acusar de puritanas, revisionistas de la historia, feminazis, etc. a quienes pretenden que las personas, todas las personas, podamos ir por la calle sin ser acosadas o tocadas sin consentimiento, es una desfachatez. Y lo es, porque en el momento en que alguien invade nuestra intimidad en forma de acercamiento de cualquier tipo indeseado nos está robando esa parte de intimidad que quizás no queramos compartir. Y puede tener mil maneras de manifestarse como acercamientos, palabras, besos, etc. 

No entender que los actos no deseados, son una invasión de la intimidad de la persona que no los desea por cuestiones de cualquier índole y por tanto se la está acosando, es no entender que cada día sale el sol. Pero así actúa el patriarcado, satisfaciendo todos sus deseos al precio que sea. Incluso justificándose cada día por ello en boca de sus propias oprimidas.

El segundo caso del que hablaba es sobre la polémica que seguro que va a hacer correr ríos de tinta tras el anuncio del Consell de les Dones de la ciudad de Valencia para crear una subcomisión que analice el papel de la mujer en los monumentos falleros, así como en la imagen que las Fallas dan de las mujeres o cómo se trata a las mismas dentro de la propia fiesta.

Y volvemos a las tradiciones. Aunque alguna de las componentes del Consell de les Dones ya ha manifestado “que no se pretende atacar a las fallas sino mejorarlas para hacerlas más igualitarias e inclusivas” las voces patriarcales no han tardado en aparecer para defender que las cosas “siempre han sido así”.

De nada vale que se explique que la imagen hipersexualizada de las mujeres en los monumentos falleros nada tiene que ver con el carácter irónico de las fiestas y sí con una visión patriarcal del papel de las mujeres en la sociedad tanto actual como pasada. Porque no olvidemos que aunque solo veamos figuras humanas o “Ninots” están representando un determinado enfoque a los temas que trata el monumento fallero en cuestión. 

Y es muy curioso (e incluso a veces divertido desde la perspectiva de la coherencia) como alguna gente se empeña en defender la libertad de expresión de quienes diseñan las fallas o artistas falleros contra el intento de unas fallas más igualitarias e inclusivas y, al tiempo, legislan normas que amordazan a la gente que no piensa como ellos e incluso pueden llevarlos a la cárcel por atreverse a cuestionar sus mandatos. 

Pero eso sí, la libertad del artista fallero ha de estar por encima, aunque la del titiritero es cuestionada, denunciada y el artista encarcelado. Todo un ejercicio de coherencia política. 

Y ya advierto que este tema fallero va a ser polémico y hará correr ríos de tinta porque las mujeres defendemos que se nos dé un trato diferente al que impone la mirada patriarcal.

Por eso el título de este artículo se llama “modernidades y falacias” porque cuando pretendemos modernizar el espacio simbólico que impone el sistema patriarcal, nos topamos de bruces con todas las resistencias habidas y por haber. 

Y por tanto resulta que la modernidad en determinados ámbitos, es una falacia total porque el patriarcado se siente amenazado por los avances que exigimos las mujeres, y reviste con sus mejores galas a voces para que le defiendan a capa y espada, a la antigua usanza.

Poco a poco, las mujeres tomamos la voz y la palabra y eso asusta a quienes ven, en el orden establecido su mejor baza. Pero aunque sea lenta, la revolución de las estructuras sociales para hacerlas más igualitarias, llegará. Y llegará para quedarse.


Teresa Mollá Castells
La Ciudad de las Diosas